«Niñas soldado» y «malas madres»: el relato del gobierno paraguayo

En un mundo paralelo, el gobierno paraguayo intenta instaurar un relato oficial en el que dos niñas de 11 años de edad aparecieron muertas por unirse a una guerrilla y sus madres, las «malas madres», las habrían entregado. 

Desde ese discurso se afirma que las dos niñas ingresaron en Paraguay desde Argentina y fueron dejadas en el campamento guerrillero, en donde se enfrentaron la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) de las Fuerzas Armadas y el Ejército del Pueblo paraguayo (EPP).  En ese mundo paralelo, un fiscal sostiene que, por ser hijas de miembros del grupo, son niñas soldados parte de la guerrilla y que una de ellas «disparó a los efectivos de la FTC con una pistola 9 milímetros»

Al mismo tiempo que se las responsabiliza de pertenecer una guerrilla, se las invisibiliza hasta en el lenguaje llamándolas «soldado». Aun cuando se las exhibe, también se las ausenta. Habría que preguntarse entonces ¿qué se muestra de ellas? Podríamos suponer que se construye una imagen en la que se las puede acusar de llevar adelante actos guerrilleros pero, a la vez, no las reconocen como mujeres porque el ejército y el lenguaje son lugares de dominio masculino, las mujeres no podemos ocupar esos espacios.

No importa la respuesta a la que lleguemos, en un mundo justo las niñas son visibles en el lugar donde les corresponde estar: jugando. En un mundo justo, a las niñas se les cree y se sospecha de que agarraron un juguete, no una pistola. 

La madre de Lilian, una de las niñas asesinadas, relató que el motivo del viaje era conocer a sus progenitores. Las dos nacieron en Formosa y se radicaron en Misiones, Argentina. Habían querido hacer el viaje a Paraguay antes pero no pudieron por las restricciones de la pandemia de COVID-19. 

En ese mundo paralelo, los diarios redactan que «el gobierno paraguayo afronta una ola de cuestionamientos nacionales e internacionales, tras confirmarse que las menores muertas en un operativo contra la guerrilla tenían 11 años». En este mundo, redactamos que el gobierno paraguayo debe investigar y esclarecer los hechos sobre el asesinato de dos niñas. Redactamos que el Estado debía protegerlas y garantizar sus derechos humanos: ya les dijimos que ni una menos

Mientras tanto en redes sociales circula una foto de ellas. De un lado está María Carmen, con una calza estampada, llena de colores. Del otro lado está Lilian, con una remera rosa clara y dibujos de osos pandas. Probablemente horas antes decidían si ponerse la pollera con glitter o la remera de sirena, porque en un mundo justo eso es lo que se hace en la infancia. Ambas sonríen y los pómulos se les acercan a los ojos. Parecen desconocer este mundo horrible en el que de un segundo a otro pueden sacarles la vida.

En un mundo paralelo, dos niñas son enterradas sin ser identificadas, con la excusa de atender al protocolo de la pandemia. En ese miserable mundo, la excusa vale doble y se usa también para prender fuego su ropa y, junto a ella, toda marca de evidencia posible. Es sabido que las mujeres debemos rendir cuentas de que nos asesinaron, incluso estando muertas. Y como una especie sabiduría corporal, los cuerpos quedan marcados y hablan: las niñas presentaban numerosos impactos de armas de fuego. En un mundo justo, el cuerpo de una infante puede presentar raspones en las rodillas por haber estado jugando, no seis impactos de bala que le provocaron un shock hipovolémico.

Como si no fuera suficiente con revictimizarlas, con sembrar la duda de que dos niñas puedan  portar armas y unirse a una guerrilla, con acusar a sus madres de haberlas impulsado a hacerlo, alguien decidió que, después de muertas, podían quitarles su calza psicodélica y su remera con animales para ponerles un uniforme. Uniforme que no tenía una pizca de sangre. Uniforme que, luego de que las «malas madres» enterraran el cuerpo de sus hijas, el presidente Mario Abdo Benítez utilizó para sacarse fotos y calificar de «exitoso» el operativo contra el EEP. 

Mientras organismos de Derechos Humanos buscan esclarecer los hechos, otros parecieran montar una escena en la que dos niñas pertenecían a un ejército y en consecuencia aparecieron muertas, como si fuera un hecho cotidiano cualquiera. 

En un mundo paralelo, se califican como irresponsables las expresiones del canciller Jan Jarab, quien pidió que «durante la investigación se tengan en cuenta las normas internacionales de derechos humanos», ya que recibió información sobre intentos de manipulación en las pruebas de lo ocurrido. 

Desafortunadamente, ese mundo paralelo no es ficción, sino que existe y mata. No discrimina países ni personas. Hace unos días fueron María y Lilian pero antes fueron tantas otras Marías y mañana serán tantas otras Lilian. Hace unos días fue en América, pero antes fue en Europa y mañana será en Asia, África y la Antártida. 

Esa forma de habitar la vida convive con este otro mundo, el del #NiUnaMenos y el del #NuncaMás. Un mundo en que las niñas no aparecen muertas por guerrilleras y las «malas madres» no entregan a sus hijas. En este mundo luchamos porque las niñas no sigan siendo asesinadas y las madres no tengan que salir a buscar sus cuerpos exigiendo justicia.


Fuentes:

Imagen: Ni una menos


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