Juan Emilio Ameri: consideraciones desde la marea feminista

Artículo escrito en colaboración por Micaela Minelli y Milva Pentito


El pasado jueves 24 de septiembre, la sesión en la Cámara de Diputados del Congreso Nacional debió interrumpirse de manera intempestiva. Sergio Massa, el titular de la Cámara, comunicó a los asistentes que debía aplicarse el artículo 188 del reglamento debido a que Juan Emilio Ameri, diputado del Frente de Todos por la provincia de Salta, estaba chupando los pechos de su pareja frente a la cámara.

El imprevisto no tardó en generar revuelo mediático. Los noticieros de la tarde oscilaban entre hablar de un «sexgate», de un «papelón internacional» e incluso de un «escándalo virtual», utilizando tal calificativo debido a que Ameri asistía a la sesión de manera remota.

Al cabo de una hora de suspenderse la sesión, Sergio Massa brindó una conferencia de prensa, en la cual detalló que se encontraba convocada una comisión de cinco integrantes que disponía de sesenta días para definir el destino del diputado. Con una carencia notoria de perspectiva de género, calificó lo sucedido como «una situación absolutamente desagradable y absolutamente reñida con lo que debe ser el normal funcionamiento de este cuerpo y de esta casa» .

Expresó que habló con Alberto Fernández y que él, entre otras cosas, le pidió «no mostrarse enojado», pero que para Massa era inevitable, debido al distanciamiento que ese tipo de sucesos pueden producir entre la clase política y el resto de la sociedad y a que «era un día muy importante para la cámara» en el cual se estaban tratando una serie de medidas de protección previsional y social.

¿QUIÉN ES JUAN EMILO AMERI?

Ameri nació en la localidad de Lomas de Zamora, en el conurbano bonaerense. Tiene 47 años de edad y es padre de tres hijas. Integra la Agrupación El Aguante junto al dirigente Sergio «Oso» Leavy, a quien reemplazaba en la Cámara de Diputados luego de que Leavy fuese electo en el Senado Nacional. Fue responsable de marketing del Club Atlético River Plate y existen versiones periodísticas que lo vinculan con la barra brava. Durante el año 2001, en un enfrentamiento en el Estadio Monumental, perdió la visión de un ojo producto de haber recibido un balazo de goma.

En el año 2010 se trasladó a la provincia de Salta y allí fue varias veces candidato a concejal de la ciudad capital. Nunca logró suficientes votos para acceder al cargo. En agosto de 2019, trascendió un documento que lo incriminaba en hechos de violencia física y verbal contra varias mujeres. Una de sus víctimas, incluso, ofreció pruebas de un acoso sexual cometido cuando ella tenía 17 años y advirtió sobre la inconveniencia y el peligro de que Ameri terminase ocupando un cargo en el poder legislativo.

Nada de esto llamó lo suficiente la atención del Frente de Todos, que lo mantuvo como candidato suplente en tercer término. Las posibilidades de que accediera efectivamente a ocupar una banca eran, parecía, muy pocas. Pero accedió. Y decenas de personas terminamos viéndolo bajar el escote de su pareja para chuparle los pechos.

¿Qué esperar del burro si no es una patada? Lo sucedido deja en evidencia la impunidad con la que se manejan algunos señores que ocupan lugares de poder, además de una profunda carencia de perspectiva de género, tanto en quienes elijen la conformación de las listas del Frente de Todos como de la propia Cámara de Diputados. Es que, aún hoy, el privilegio masculino hace que cualquier varón llegue a ocupar lugares de representación. Sí, incluso teniendo denuncias de acoso, abuso y violencia machista.

DETRÁS DE TODO MAMERTO, HAY UNA MUJER MÁS CAPACITADA QUE ÉL

Lo positivo de este episodio es que quien va a reemplazar a Ameri es Alcira Figueroa, antropóloga, feminista y especialista en políticas sociales con desarrollo sustentable. Mucho mejor que un hombre con denuncias que no sabe apagar la cámara del Zoom, ¿no? Por supuesto que es gracias a la ley de paridad de género que Alcira integra la lista y es que donde hay una mujer o disidencia ocupando un lugar de poder, hay años de lucha colectiva por detrás. Lamentablemente, debimos ser testigos de un bochornoso episodio para que ella pueda acceder a ese lugar.

Cuando se dió el debate por la ley de paridad, algunos argumentos en contra esbozaban que si se tenía en cuenta la cuestión de género se «desprestigiaba» el cargo al que se tenía que llegar por «capacidad» o «mérito». Pero la realidad nos demuestra que es más probable llegar si sos varón privilegiado por el heterocistema. Ni siquiera hay que ser muy brillante: se pueden cometer delitos y seguir ocupando espacios de representación, como es el caso del senador Alperovich (exgobernador de Tucumán), quien está de licencia mientras continúa el avance de la causa en su contra por abuso sexual.

Este hecho nos indica que ya es momento de revisar los lugares que ocupan algunos señores y hablar de mérito, capacidad y recorrido. Ya es hora de romper el techo de cristal y que quienes lleguen a los lugares de representación sean personas idóneas para el cargo, que la política deje de decidirse en el asado después del «fulbito» —al que muches no son invitades— y se decida con todes adentro disputando esos lugares.

Desde una perspectiva de género, la moralidad es una construcción subjetiva. La violencia, no. Quiénes asistían a la sesión no tuvieron forma de no ver al diputado Ameri chupando los pechos de su mujer. No queda claro, por otra parte, si ella dió consentimiento para esa práctica sexual, en ese contexto y delante de una cámara encendida. Obligar a personas a observar imágenes de connotación sexual y más aun que aparezcan de manera súbita y fuera de contexto es una forma de ejercer violencia.

¿Por qué razón el hecho no fue tratado de esa manera?

Mirando hacia el interior del Frente de Todos los interrogantes aumentan. La presencia de funcionarios con antecedentes de violencia de género es incompatible con un proyecto político que pretenda sancionarla y erradicarla. En un proyecto político centrado en empoderar y acompañar a las víctimas, no pueden gobernar sus abusadores. Es por ello que, desde una perspectiva de género, Juan Emilio Ameri no debió ni siquiera haber integrado las listas de candidatos en la última contienda electoral.

Quienes deciden la conformación de las listas aún no se han enterado de la ola feminista de los últimos años, ni de las anteriores. La violencia machista atraviesa todos los espacios políticos partidarios, incluso los que levantan las banderas del feminismo. Oír a las bases, a las juventudes, a las compañeras y les compañeres que dieron esta lucha por años también es una decisión política necesaria para evitar papelones como el del diputado Ameri, a quien si no fuera por la «tentación erótica» no le hubiesen cuestionado su rol en el parlamento.

¿Por qué razón Sergio Massa se extendió tan insistentemente en la idea de lo «reñido con la normalidad» y con lo relativo a los temas que se estaban tratando en la sesión? ¿Acaso el hecho hubiese sido menos grave o menos violento de haberse estado tratando otros? ¿Por qué, aun en medio de la bronca del momento, logró garantizar que iban a ser escuchados «los argumentos del diputado» al respecto? ¿Qué argumentos puede ofrecer un violento que puedan ser tomados como válidos por quienes no comparten sus esquemas y que no revictimicen a las víctimas?

A FALTA DE PERSPECTIVA DE GÉNERO, BUENOS SON LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN (O NO)

De haber ocurrido en la vía pública, el hecho probablemente hubiese terminado con Ameri y su pareja demorados en un destacamento policial. Allí, de mediar la suficiente perspectiva de género, ella hubiese tenido una oportunidad que no tuvo, al cierre de esta edición, en el hecho real: la de dar su versión sobre cómo llegó su pareja a chuparle los pechos delante de una cámara que transmitía imágenes a incontables desconocidos.

Sin embargo, en el hecho real no solo no pudimos escuchar su versión sino que debimos escuchar la de él. En un continuo morboso, los canales de televisión se turnaron para darle micrófono a un Ameri que se disculpaba con la sociedad y con sus compañeros de recinto. Explicaba, luego, que se le había caído la conexión a Internet y que, al mismo tiempo, había aparecido su pareja. Que se suscitó una conversación entre ellos sobre una supuesta recuperación post quirúrgica de implantes mamarios y que dicha conversación terminó del modo que se vio en las imágenes.

Desde la primer palabra hasta la última, la explicación resulta de dudosa veracidad e imposible de encuadrar en esquemas de conducta razonables para una persona adulta. No hace más que reafirmar aquello que ya habían advertido sus víctimas y habían demostrado las imágenes. Juan Emilio Ameri no es un escandaloso, ni un imprudente, ni un inmoral: es un perverso sexual.

Imposible resulta imaginar que no estuviera al tanto de los mecanismos de seguridad que aseguran la conexión en un contexto tan delicado como una sesión virtual de la Cámara de Diputados. Imposible resulta, también, imaginar que no pudiera figurarse, en caso de una desconexión, la posibilidad de que la señal se retomara de inmediato. Todos esos argumentos no logran más que desviar la atención de aquello en lo que realmente es necesario enfocar: el diputado Ameri no pudo establecer un límite entre lo público y lo privado, lo sexual y el trabajo, los vínculos personales y los de índole laboral.

¿Y cuál es el sentido, desde los medios, de darle micrófono a un perverso sexual? ¿Acaso creen que es posible ponerlo a razonar? ¿O por casualidad imitan sus formas de actuar? Durante las horas posteriores al hecho, debimos ver otro continuo: el de las imágenes transmitidas por la cámara de Ameri al recinto. La noticia era que él, el diputado, había aparecido en una situación de connotación sexual. Sin embargo, ningún medio pareció notar que en las imágenes había otra persona, su pareja, y que el cuerpo que estaba siendo expuesto era el de ella.

Menos pensaron los medios en la posibilidad de que quienes nos encontrábamos detrás de esas pantallas, al igual que los diputados de la Cámara, no quisiéramos ver esas imágenes. Nuestra revolución no defiende perversos ni abusadores. No les da cámara, ni micrófono, ni cargos en el gobierno. No es terreno fértil para que ejerzan su manipulación. Nuestra revolución, después de sucesos bochornosos como los del pasado jueves, debe sonar y debe leerse más fuerte que nunca.


Fuentes:


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