¿Por qué vincular la lucha feminista a la ciencia?

Artículo escrito en colaboración por Yamila Figueroa y Yanina Bellizzi


Desde que tenemos uso de razón podemos nombrar sin ninguna dificultad a al menos tres científicos varones que han hecho historia a nivel mundial. Por ejemplo, es muy fácil vincular a Einstein con la teoría de la relatividad, a Newton con la bien conocida historia de la manzana que derivó luego en la ley de gravitación universal y a Darwin con la tan famosa teoría de la evolución de las especies.

Ahora, si pensamos al revés, ¿podemos recordar con igual facilidad a alguna científica que haya hecho historia? Tal vez no se nos venga ninguna representante de esta área o quizás tan solo recordemos la historia de Marie Curie. ¿Conocemos mujeres científicas? ¿Hay científicas que hayan hecho historia mundial? ¿Por qué sus nombres son menos conocidos y por qué sus logros son menos difundidos? ¿De verdad lograron sus objetivos? ¿O resulta que legitimar esos logros implica ceder un territorio originariamente patriarcal y en disputa?

Desde que somos pequeñes nos han hecho creer que hay actividades, saberes y competencias consideradas de forma exclusiva «de niños» y otras que son «de niñas». Estas actividades históricamente han mantenido una exclusividad sexista y quienes se han animado a atravesar esa línea invisible y divisoria de inmediato se convertían en personas «raras» que no se alineaban con lo «normal». Pero ¿de qué manera este fenómeno pudo condicionar a miles de niñas a lo largo de la historia en su deseo de vincularse con las áreas de Ciencia y Tecnología (CyT)?

Para responder a esta pregunta, debemos rememorar nuestros juegos y juguetes, nuestras actividades extracurriculares a contraturno de la escuela, los programas televisivos que veíamos y los y las referentes que teníamos. También, debemos tener presente el discurso en torno a las posibilidades de las niñas de cumplir sus anhelos o deseos.

Por ejemplo, la frase tradicional «el sueño del pibe», sin quererlo, probablemente cohibió a muchas de nosotras a ingresar en un territorio del cual de forma sistemática e implícita veníamos siendo excluidas. Las distintas formas de violencia y estigmatización empiezan desde muy temprano, se edifican en una estructura hegemónica que se arma de a poco pero de manera muy sólida.

Preguntas instaladas en la sociedad como «¿Qué querés ser cuando seas grande?» han arrojado por mucho tiempo una única respuesta posible para nosotras: algo fácil, con salida laboral rápida, que se adapte a las tareas de cuidado y maternidad que nos fueron asignadas. Si, hipotéticamente, la respuesta fuese «Yo quiero ser científica», la contrapregunta de la sociedad sería «Pero ¿eso no es muy difícil? ¿Vas a poder con todo?». En el contexto de nuestro desarrollo como mujeres está claro que la «dificultad» y el «todo» forman parte de un mandato patriarcal que la sociedad pretende imponer y visibilizar para dar a entender cuál es nuestro único rol posible dentro de ella.

Para aquellas mujeres que, a pesar de las trabas, deciden continuar con una carrera científica, se observa que dedican un esmero incluso más alto que el de sus pares varones en demostrar (y demostrarse) que sí poseen esas cualidades tradicionalmente atribuidas al varón y que, de hecho, son tanto o más valiosas que ellos. De esta manera y con el esfuerzo descomunal que realizan las mujeres por acortar la brecha en el marco de las ciencias, no se cuestionan los ámbitos institucionales y tampoco se ponen en duda las formas de hacer ciencia reproduciendo de manera sistemática el individualismo, la competencia, las jerarquías verticalistas establecidas y la hegemonía patriarcal.

La ciencia y las mujeres de hoy en día

El movimiento de mujeres y diversidad se ha establecido en la agenda cotidiana mundial como brazo propulsor para el tratado de innumerables deudas de la democracia. Según datos de la UNESCO, menos del 30% de les investigadores científiques a nivel mundial son mujeres. En nuestro país la situación resulta muy similar y tan solo el 33% de la totalidad de las mujeres argentinas integran el universo de las carreras de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática (STEM, por sus siglas en inglés). Sin embargo, dentro del sistema científico, el 53% de les trabajadores pertenecen al género femenino. Pese a esta supuesta paridad en cuestiones de género, si evaluamos la estructura científica, observamos que la distribución es desigual y que las mujeres acceden en menor proporción a los cargos de mayor jerarquía.

Teniendo en cuenta estos datos nos es urgente preguntarnos: ¿tiene algo que ver el feminismo con la ciencia?

La ciencia en general y el ámbito científico en particular, lejos de ser neutrales, se encuentran atravesados por una dimensión antropológica, cultural y androcéntrica que limita las potencialidades de las mujeres en el crecimiento profesional/laboral. Así, marcaremos a continuación algunas problemáticas que consideramos relevantes en este marco introductorio (sin desmerecer otras disparidades igualmente importantes, latentes y prevalentes en el sector) y que, desde nuestra perspectiva, presentan un vacío institucional desde hace ya demasiado tiempo en perjuicio de la permanencia y el desarrollo profesional de las mujeres en el contexto de la CyT.

Paridad de género en las áreas y acceso a puestos jerárquicos

La desigualdad en torno a la accesibilidad de puestos de trabajo por parte de las mujeres no es ninguna novedad y menos en el ámbito científico, el cual se jactó siempre de tener una esencia elitista, sexista y patriarcal. Datos obtenidos del análisis de la igualdad de géneros en ciencia, tecnología e innovación en nuestro país indican que un 86% de las autoridades de organismos en el ámbito de ciencia y tecnología corresponden a varones, dejando tan solo el 14% restante a mujeres. Particularmente, en cuanto al nivel alcanzado en puestos de alto rango en la carrera de investigación científica, se observa que un porcentaje menor de mujeres acceden al puesto de investigador superior o principal del CONICET respecto de los varones.

Dentro de este marco, las mujeres deben conformarse con ser investigadoras adjuntas, asistentes o becarias postdoctorales en un contexto en el cual deben esforzarse y hacer más meritorios esos puestos que aquellos varones con el mismo currículum. Sobre la base de esta segregación verticalista es cómo se conforma el denominado «techo de cristal». Es un mecanismo tan eficaz y arraigado en el sistema que no pone en duda el proceso mediante el cual se ejecuta el ascenso laboral y coloca en juicio de valor las condiciones personales interpuestas o el deseo para hacerlo como únicos responsables. Este fenómeno, así como también el denominado «efecto Matilda» o «efecto Curie», enmarcan la estructura científica actual, no solo en nuestro país sino también en el mundo.

Efecto Matilda.
Trayectoria profesional de la mujer y el techo de cristal.

Como ejemplo de lucha y allanamiento del camino que procuraron ciertas mujeres en el ámbito de las ciencias duras, les invitamos a ver la peculiar historia de la primera médica mujer recibida en nuestro país y la primera mujer en recibir un título universitario en Sudamérica, Cecilia Grierson.

En su conjunto, las disparidades mencionadas conforman una brecha de género que no se limita únicamente al acceso a puestos de alta jerarquía, sino que se extiende al desarrollo de otras actividades competentes al sector científico-académico. A modo de ejemplo, podemos mencionar la evaluación de proyectos científicos o de recursos humanos, así como la dirección de proyectos de investigación e incluso la posibilidad de realizar publicaciones científicas en revistas de alto impacto, tanto en Argentina como en Iberoamérica. En nuestro país, estos datos acrecientan aún más la desigualdad teniendo en cuenta que hay un mayor porcentaje de investigadores mujeres que varones trabajando en las áreas científicas.    

El mapa muestra el porcentaje de investigadoras en el mundo.  INSTITUTO ESTADÍSTICA UNESCO.

Carreras científicas coartadas por la maternidad

Resulta claro que las limitaciones en la accesibilidad a puestos jerárquicos y otras desigualdades mencionadas se ajustan perfectamente con el rol patriarcal que se le asigna a la mujer en la sociedad. Cuando hablamos de carreras científicas coartadas por la maternidad, no nos referimos a que la ejecución del deseo de ser madre como hecho que en sí mismo limite la capacidad de la mujer para poder ser competente en su área de experticia, sino que las condiciones del sistema científico en la actualidad no están dadas para que puedan articularse en conjunto. Así, muchas veces, debemos elegir entre una u otra opción, por el simple hecho de que ambos aspectos no están contemplados o alineados en nuestro derecho a desarrollarnos profesionalmente y ejercer la maternidad.

Si bien en estos últimos años en nuestro país se pusieron en práctica algunas contemplaciones y extensiones de plazos en relación al ejercicio de ser madre, las tensiones que provienen de la dificultad de conciliación de la vida privada y profesional tornan imposible esta cohesión. A su vez, la falta de apoyo laboral durante el tránsito de la maternidad y ciertos estereotipos culturales que generan prejuicios sobre las posibilidades de éxito profesional de las mujeres y sus aptitudes para asumir posiciones de poder son factores de tipo científico-estructural que desalientan el avance en sus carreras.

Por estas y por infinitas razones por las cuales vale la pena luchar en nuestro país es que, desde Escritura Feminista, consideramos que la ciencia Argentina no puede verse como una entidad apartada del resto de los compromisos de los feminismos. Creemos que las desigualdades en el ámbito científico son las mismas marginalidades que atraviesan las mujeres a lo largo de sus vidas. Esas mismas injusticias naturalizadas son las que necesitamos visibilizar y cuestionar para poder erradicar.

Para hacer eco de todas estas problemáticas, para difundir proyectos de nuestres invisibilizades, para aprender sobre los lenguajes y métodos de la ciencia, para generar un espacio científico-académico menos sesgado y más genuino, nace este espacio: divulgar ciencia y feminismo para que en este ámbito también caiga el patriarcado.


Fuentes:


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