#ChileDespertó: el feminismo en el camino hacia la nueva Constitución

El pasado domingo 25 de octubre Chile votó la reforma de su Constitución, que había sido redactada en 1980, durante la dictadura de Augusto Pinochet; una Carta Magna cuestionada desde su aprobación. Según el Servicio electoral de Chile, el 78,27% (5.886.421 votos) de las personas votantes eligió el «Apruebo» de la reformulación mientras el 21,73% (1.634.107 votos) el «Rechazo».

Fuente: Télam

El segundo punto de la votación se refirió al mecanismo para llevar a cabo la reforma. Las opciones eran: la conformación de una Convención Constitucional integrada por 155 ciudadanes con igual cantidad de mujeres y varones, elegides por voto popular (opción que obtuvo el 78,99% de los votos) o una Convención Mixta Constitucional, que de ser la más votada hubiera sido conformada por la mitad de congresistas y la mitad de ciudadanes pero solo logró el 21,01% de los votos.

Esto implica que Chile será el primer país del mundo en diseñar sus reglas con paridad de género, un primer paso para reducir las desigualdades y transformar las relaciones de poder. María Inés Salamanca, de ONU Mujeres Chile, lo definió como una oportunidad única para fortalecer la democracia y darle legitimidad al proceso que «permite priorizar materias sensibles y trascendentales no solo para ellas, sino para el conjunto de la sociedad», afirmó la referente.

Una Carta Magna a la que le falta mucho

La Constitución que se busca reformular, a comparación de otras, no es tan antigua: por ejemplo, la Constitución Argentina tiene 167 años pero fue aprobada por una Asamblea Constituyente. La de Chile fue adoptada unilateralmente por la Junta Militar en plena dictadura, no hubo padrón electoral, libertad de prensa ni acceso al conteo de votos, lo cual explica sus puntos flojos y cuestionables. 

De hecho, antes de que se votara su aprobación, el 11 de septiembre de 1980, el expresidente Eduardo Frei Montalva, uno de los opositores más relevantes de la época, expresó a través del discurso conocido como el «Caupolicanazo» que esa no era una Constitución válida: «El proyecto (la Constitución) no es ni siquiera un intento de transición, sino una prolongación y consolidación del actual poder personal (…). No somos enemigos del plebiscito como forma de consulta popular. Al contrario. Pero queremos un plebiscito verdadero».

Hablando claro, no reconoce a las infancias, ni a la comunidad LGBTIQ+, ni a los pueblos originarios; por lo tanto, tampoco les protege. No hace referencia al derecho al agua y, en consecuencia, Chile es el único país del mundo donde este recurso fue privatizado, solo por mencionar algunos puntos claves. 

«No solo no resguarda los derechos sino que además es un bloqueo al acceso. Tiene una norma inserta sobre derecho a la vida, en el catálogo de derechos fundamentales, que establece que la ley protege al que está por nacer y esa norma se ha ocupado como argumento para decir que en Chile nunca puede haber aborto sin causales».

Ana Piquer, directora ejecutiva de Amnistía Internacional en Chile.

Oportuncrisis en clave feminista

El movimiento feminista tuvo gran incidencia en este logro. Las jóvenes chilenas tuvieron un rol fundamental en la ola de protestas iniciada en octubre de 2019, la cual hizo posible la convocatoria del plebiscito como medida de descompresión.

«El plebiscito es una oportunidad histórica. Chile y las manifestaciones que se produjeron en el marco de lo que se ha llamado el “estallido social” tienen mucho que ver con un reclamo por desigualdad ante el acceso a ciertos derechos, sobre todo económicos y sociales. La existencia de desigualdades profundas en temas de salud, educación, acceso a seguridad social, a pensiones. Que en definitiva, Chile tiene un sistema tan privatizado, muy fuertemente condicionado por tu capacidad económica. Y como todo aquello que impacta por capacidad económica, impacta más aún a las mujeres».

Ana Piquer, directora ejecutiva de Amnistía Internacional en Chile.

Junto a esa intervención de 2019, también nació en Valparaiso la campaña «El violador eres tu», en contra de la violencia sexual ejercida por la policía chilena. Y en septiembre se logró derogar una antigua ley que prohibía que las mujeres se volvieran a casar antes de los nueve meses posteriores al término de su primer matrimonio para evitar supuestas «dudas» sobre la paternidad de les hijes.

Quizás te interese leer: «Las calles de Chile andan diciendo…», por Florencia Calviño

Chile despierta en medio de una crisis social y los movimientos feministas toman el asunto por las astas para reclamar los derechos que les corresponden. Débora Solís, de Aprofa (Asociación para la Protección de la Familia), donde también trabajan en el resguardo de los derechos sexuales y reproductivos, resaltó: «Tenemos la única oportunidad en la historia de terminar con una Constitución hecha en tiempos de dictadura, que fue hecha para amordazar a los movimientos sociales y cortar todas las alas a quienes intentaban avanzar en derechos». Y continuó: «Entonces, en esa Constitución que hoy está vigente, los derechos de las mujeres son absolutamente inexistentes, responde a un modelo económico neoliberal donde la función de la mujer se ve absolutamente replegada a roles tradicionales y muy conservadores. Por lo tanto, las mujeres tenemos una tremenda posibilidad».

Fuente: El Mostrador.

Considerando los reclamos a incluir en la futura Constitución, Verónica Latorre, integrante de La Mesa de Acción por el Aborto en Chile, reclamó que «todos los tratados internacionales tengan un rango constitucional, tratados de derechos humanos, la CEDAW, Belem do Pará. Tiene que tener un rango constitucional para que sea exigible al Estado. Por otro lado, que los derechos fundamentales sean consagrados y colectivos, derechos a la salud, sociales, culturales, económicos y dentro del derecho a la salud, que estén los derechos sexuales y reproductivos. Esa es una lucha que tenemos que dar. También, que el Estado tenga garantías de ser laico y que reconozca la vida desde el nacimiento y no desde la concepción».

RetrocedER en el tiempo

Tras la vuelta a la democracia, según Lucas Sierra, abogado de la Universidad de Chile e investigador senior del Centro de Estudios Públicos (CEP), «la primera candidatura relevante que propuso reemplazar la Constitución vigente por una nueva —y no solo hacer cambios puntuales al texto vigente— fue la de Gladys Marín por el Partido Comunista en 1999».

Marín (fallecida el 6 de marzo de 2005), proponía construir un nuevo Estado democrático, derogar la constitución de 1980 y convocar a una Asamblea Constituyente para elaborar otra Constitución que también fuera sometida a plebiscito. Además, incluía el fin del sistema binominal o una Reforma Tributaria, el reconocimiento constitucional de los pueblos originarios y un sistema previsional tripartito.

Por su parte, Michelle Bachelet también intervino en el camino hacia una nueva Constitución. En octubre de 2013, en plena candidatura presidencial, defendía el que sería uno de sus proyectos más emblemáticos, abrir un proceso para una nueva Constitución: «Yo quiero un Parlamento que exprese lo que la gran mayoría de los chilenos quiere: que quiere una reforma para una educación gratuita, que quiere una nueva Constitución, que quiere una reforma tributaria».

Sororidad para transformar

El acompañamiento, el aliento y la fuerza compartida son fundamentales ante las adversidades. Débora Solís mencionó algunas: «Chile es un país tremendamente conservador. Es un país que en términos de derechos sexuales y reproductivos está muy al deber con la situación de las mujeres. No tenemos una ley de educación integral de la sexualidad, que ustedes llaman ESI. Nosotros la llamamos EI, nunca hemos tenido en la historia una ley. Y la semana pasada perdimos la ley en el Congreso en el momento más cerca que hemos estado de lograrlo». 

Pero, sobre todo, destacó la fuerza de la unidad de los movimientos feministas:

«Estamos muy conectadas con nuestras compañeras de la Argentina, con Colombia, con Bolivia, con México. Hemos sido parte de las luchas de las mujeres en otros lugares, estamos muy en contacto con las mujeres de Nicaragua que están viviendo una represión feroz. Estamos aprendiendo, hemos dado un tremendo salto porque esa alianza nos ha hecho crecer, no sentirnos solas. Acompañarnos en nuestras luchas es fundamental. Nuestras luchas no tienen fronteras. La lucha de las mujeres es transversal a los límites fronterizos, hay países que van más adelante y otros más atrás y tenemos que irnos dando la mano para poder tejer esperanza juntos».


Fuentes:


¿Te gustó la nota?

Invitame un café en cafecito.app

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s