#Entrevista a Laura Lemura: «Soy una mujer con discapacidad porque esa es la identidad que elijo desde mi lucha»

Entrevista colaboración escrita por Camila Stefano


Laura Lemura es militante feminista, mujer con discapacidad y miembro de la Red por los Derechos de las personas con discapacidad. En esta entrevista nos explica cómo se entrecruzan las luchas del feminismo con las de las personas con discapacidad.

Escritura Feminista: Una de las violencias a las que estamos expuestas tanto mujeres como disidencias es el acoso callejero, ¿crees que la discapacidad es un factor por el que las mujeres pueden ser acosadas en la calle?

Laura Lemura: La discapacidad nos pone en una situación de vulnerabilidad y que suma al hecho de ser mujeres. Al ser mujeres con discapacidad visual, tenemos el añadido ante una situación de este tipo, no podemos escapar fácilmente. Con unas compañeras de la Biblioteca Argentina para Ciegos tuvimos una situación de acoso a una cuadra de la biblioteca y la gente cuando se acercaba, nos decían «Yo no hice nada porque pensé que el señor, como las agarró y las intentó besar, las conocía». No se les ocurre que una mujer con discapacidad pueda ser acosada.

La importancia de intervenir, siempre preguntándole a la persona con discapacidad visual si necesita ayuda y cómo se debe brindar. Y, si fue acosada, poder acompañar a denunciar el hecho. Muchas veces sucede y no tenemos cómo atestiguar que fue tal persona. Yo tuve la suerte que un chico que pasaba se comprometió con la situación y salió de testigo. Tuvo conciencia de que, si no me ayudaba él, iba a quedar todo en la nada. Eso es lo que hay que hacer: comprometerse, tener empatía hacia lo demás. En definitiva, la discapacidad es un factor más a la peligrosidad en la que vivimos las mujeres, que parecemos propiedad pública del mundo.

Laura Lemura.
E.F.: Las mujeres con discapacidad muchas veces son invisibilizadas a la hora de acceder a un aborto o al protocolo ILE o se las obliga a parir y se las esteriliza en secreto. El nuevo proyecto de ley por la interrupción voluntaria del embarazo tiene perspectiva de discapacidad, Toma a las mujeres y personas gestantes como sujetos de derecho, ¿Pensás que las mujeres con discapacidad tienen que luchar también por este derecho?

L.L.: Sí porque, básicamente, es el derecho a decidir sobre tu cuerpo. De hecho, la decisión de hacerse o no una esterilización también tiene que ser de la mujer. No puede venir de la familia o del sistema de salud, que muchas veces lo recomienda.

En el proyecto anterior, con compañeras de REDI y de FAICA trabajamos mucho. Habíamos intervenido para que las compañeras de la Campaña entendieran que no estábamos de acuerdo con algunas cuestiones que no estaban planteadas desde una perspectiva de discapacidad y se hablaba de eugenesia, que era darle de comer a los antiderechos. Hablábamos de la voluntad de la mujer. Inclusive cuando hablamos de mujeres con discapacidad intelectual, psicosocial y las que están judicializadas, ellas tienen el derecho a decidir con los apoyos que precisen. Si quieren tener un hijo, que lo tengan y, si no quieren, que no lo tengan y que no se sometan a la clandestinidad, que mata a tantas mujeres o las criminaliza.

Que la decisión esté en nosotras y que nos den un marco legal para poder ejercer ese derecho. Quieran o no, las consejerías pre y post aborto existen y la ILE también es criminalizada porque no tenemos un acceso pleno al aborto. Pareciera que el útero de las mujeres sin discapacidad es de propiedad pública y tienen que tener hijos sí o sí mientras que a las que tenemos discapacidad se nos pone un candado y «vos no podés». No tenemos derecho a decidir la maternidad ya que no somos vistas como cuidadoras o el prejuicio de «va a traer un hijo como ella al mundo».

Estos proyectos que salen desde la campaña que nos ven a las mujeres con discapacidad como habilitadas a decidir sobre nuestros cuerpos son un gran avance. Inclusive es un avance sobre la posición de los antiderechos, ya que dicen «todas las vidas valen» pero sensibilizan con un feto con síndrome de Down que no va a nacer. Sabemos claramente que la sociedad condena a esa madre que decide tener un hijo con síndrome de Down. Condena a la madre y al hijo. La misma sociedad que le dice que lo tenga, luego va a ser la que le cierre las puertas en el ámbito laboral, en las escuelas que no quieren alumnos con discapacidad. Es algo totalmente hipócrita, vivimos en esa «doble moral».

Además, es una violencia terrible la que viven las mujeres con discapacidad intelectual cuando las esterilizan sin que se enteren. Si no lo hacen de manera quirúrgica, es una esterilización química con anticonceptivos de larga duración.

E.F.: ¿Considerás que en los espacios feministas están incluidas las mujeres con discapacidad?

L.L.: Se está abriendo ese camino. Yo estoy en una Comisión de inclusión y accesibilidad que pertenece a la comisión organizadora del Encuentro Nacional de Mujeres en La Plata. Estamos construyendo este camino con otras compañeras y disidencias sobre discapacidad. Todas vamos aprendiendo sobre la marcha, desde sus propios recorridos. Por ejemplo, están las compañeras sordas de MOSFA que ellas no se perciben como personas con discapacidad, que es una postura totalmente respetable. Entre todas, nos vamos repartiendo entre las distintas comisiones y, si bien se dan otras discusiones sobre el ENM, es importante plantear la temática de discapacidad con un eje que atraviese las cuestiones de organización y los talleres, así como luchar para que no se les cierren las puertas a otras compañeras que no pueden participar del Encuentro.

Con Johanna Ureña fuimos al Encuentro de Chubut y siendo dos mujeres ciegas, la principal barrera que tenemos es el acceso a la información. Se nos hizo muy difícil organizarnos para movernos en la Ciudad porque, en principio, entrabamos a la página del eEcuentro y teníamos la lista de los talleres pero a la hora de querer ir, el mapa era una imagen sin descripción y ni siquiera una compañera con vista lo podía descifrar.

Por eso nos estamos repartiendo entre las comisiones, para poder solventar estas cuestiones. Que si hay un taller se ponga la dirección por escrito y ahí sí se puede planificar qué hacer, con tus propios recursos: con GPS, con Google Maps. También, las compañeras sordas piensan en armar invitaciones en lengua de señas. Son cuestiones que estamos tratando.

Las mujeres somos personas y, muchas veces, las personas somos capacitistas. Las feministas no somos una excepción. Una de las cosas del patriarcado que tenemos que deconstruir es el capacitismo.

E.F.: ¿Cuál es tu opinión sobre el concepto de diversidad funcional?

L.L.: Una amiga, que es muy crítica de los conceptos, me dijo: «Diversidad funcional me hace sentir una lavadora». A mí me lo explicó un compañero que viene de la lucha LGBTIQ+, que desde ahí se toma el término «diversidad», que todos somos diversos. En un mundo ideal, donde todos seríamos diferentes, yo me consideraría una diversa funcional. Pero, en la sociedad actual, hay barreras. Yo, aun teniendo todos los recursos, en algún momento me voy a encontrar con una barrera discapacitante en el entorno, ya sea física, comunicacional o, las más comunes, actitudinales. Si bien ahora la discapacidad es un tema que está a full, el género también, estamos en una etapa muy superficial de «todo es inclusivo», pero la realidad es que recién se está empezando a comprender cuáles espacios tienen inclusión y cuáles no.

Este concepto viene de Europa, donde tienen un montón de cosas solucionadas y otras que quizás las soluciones no son las mismas que se elegirían acá. Por ejemplo, allá se plantea la diversidad funcional desde un grupo de personas con discapacidad que son militantes de la vida independiente. En España y Portugal, ser independiente es no ir con el bastón e ir con un acompañante o un lazarillo. Ese es el concepto de autonomía que tienen, el de apoyarse en un recurso que saben que lo tienen. También tiene su parte hostil porque allá si ven a una persona con discapacidad que anda sola, ya significa que es porque se puede manejar. No existe el pararse en una esquina y esperar que alguien amablemente se acerque a preguntar si necesita cruzar.

También pensar en diversidad funcional borra el concepto de discapacidad. El concepto de discapacidad es una denuncia también. Mi diagnóstico no soy yo, es solo un diagnóstico. Que me cierren las puertas en el ámbito laboral o que no me faciliten lo necesario para cumplir mis tareas no va a cambiar porque yo diga que soy diversa funcional. Yo digo que soy una mujer con discapacidad porque esa es la identidad que elijo desde mi lucha. Así me autopercibo.


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