#Análisis Cobertura mediática de un intento de femicidio

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La tarde del 10 de noviembre los medios de comunicación hablaban sobre el reciente ataque de un alumno a dos profesoras de un estudio de danza. Dicho ataque fue un intento de femicidio a Julieta Anton, bailarina y profesora del lugar, a quien Sofia Bovino protegió anteponiéndose entre el agresor y su compañera. 

La policía acudió al lugar alertada por los vecinos del edificio y el agresor, Sebastian Villarreal, no soltó a las dos mujeres que tenía reducidas en el piso hasta que no recibió el impacto de bala en el glúteo que efectuó el personal policial. El agresor había lastimado a Julieta y a Sofía con un cuchillo provocándoles varios cortes profundos. En ese momento, las dos mujeres estaban hipotensas y habían perdido mucha sangre. Sofia Bovino tuvo que ser intervenida quirúrgicamente por una herida en la mano. 

Este hecho que fue tapa y titular de todos los medios durante dos días tuvo, como la mayoría de las coberturas mediáticas, un tratamiento que dejó mucho para pensar y analizar. Resulta ser que Julieta Anton había sido bailarina del programa televisivo Showmatch, forma parte del staff de la cantante Tini Stoessel y fue la novia del coach de baile Mati Napp. Un material ideal para hacer una cobertura con muy poca (o nula) perspectiva de género ante un intento de femicidio.  

Pocas horas después del hecho, el centro de la noticia no era la agresión que recibieron las mujeres sino todo lo referido a la vida de Julieta, estos fueron los titulares de los medios masivos de comunicación:

«Quién es Julieta Anton, la bailarina de Showmatch que fue atacada a cuchillazos en un gimnasio de Belgrano», Ámbito; «Ataque en Palermo: una ex bailarina de Showmatch y una profesora de danzas, las víctimas del agresor», Clarín; «Ataque en un gimnasio. Una de las víctimas es una ex bailarina de Tinelli», La Nación.

«Ataque en la escuela de danza: el agresor estaba obsesionado con Julieta Antón, ex bailarina de Tinelli», Telefe Noticias; «Bailarina de Showmatch y de Tini Stoessel: quién es Julieta Antón, la profesora de danzas que fue atacada en Belgrano», Infobae; «Julieta Anton, ex bailarina de ShowMatch y ex pareja de Mati Napp, fue apuñalada por un hombre en Belgrano», Eltrece.tv.

Estos titulares constituyen una muestra donde diarios, portales digitales y noticieros con mayor alcance en todo el territorio nacional marcan una línea que luego decanta sola en los medios de comunicación con menor llegada y que se nutren de la información publicada en sus «grandes referentes».   

En este caso, la línea que bajan al resto de los medios y se dispersa así en toda la sociedad, pone el foco en el sensacionalismo de la vida de Julieta, haciendo un recorrido por sus trabajos (aunque solo los relacionados con el mundo mediático) y omitiendo su condición de mujer como víctima de violencia de género; dejando a un costado a Sofía, a quien apenas se la menciona como dueña del estudio o compañera de Julieta pero que, sin embargo, le salvó la vida.  

Al día siguiente del hecho, no solo que el tratamiento se había amplificado porque una de las víctimas era una persona «mediática», sino que se sumó la justificación de los medios de comunicación al victimario: «Ataque en Palermo. Habló el hermano del agresor: “Creo que el efecto de la cuarentena le hizo mal”», La Nación; «La Justicia acusó al alumno que apuñaló a su profesora de intento de femicidio: evaluarán si es inimputable», Infobae; «Habló el mellizo del agresor: “Durante la cuarentena empezó a hablar solo”», Telefe Noticias.

¿Cuál es el mensaje que se transmite en estos titulares? Un hombre con un presunto diagnóstico psiquiátrico que le habría provocado algún desequilibrio o la idea de que intentar matar a una mujer puede ser un efecto de la cuarentena. Se presenta como un hecho aislado. Y si hay algo que ya no queda aislado son las cifras que demuestran que una mujer muere cada 29 horas por la causante violencia de género. 

La violencia machista es estructural en esta sociedad y no alcanza solo con denunciar y poner la responsabilidad en la víctima. Todas las partes deben contribuir a desandar la reproducción y normalización de los discursos que hacen apología de las violencias contra las mujeres. 

El sensacionalismo y las justificaciones que hemos observado de los ejemplos recientes son parte de la misma violencia mediática que no se menciona como tal. Por eso es importante reveer el tratamiento mediático, la manera en que los medios de comunicación aborden su agenda es clave para, al menos, intentar construir una sociedad libre de violencias.  


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