El feminismo llegó al mundo mágico

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El próximo 31 de diciembre se estrena en Netflix la cuarta temporada de Las Aventuras de Sabrina, una fusión entre la remake de la serie que acompañó la niñez y adolescencia de muches y la adaptación de Archie Comics. Esta serie, que desembarcó su primera temporada en 2018, tiene un tinte muy diferente a la inocente Sabrina que mostraba la pantalla de Nickelodeon.

Con rasgos del thriller, exorcismo y suspenso, la Sabrina Spellman que muestra Netflix es una bruja aggiornada a un mundo contemporáneo que lucha por empoderarse ante los postulados conservadores de su entorno hechicero. Sabrina quiere poder y libertad. Y parece que esto, al igual que en la lucha que enfrentamos hoy las mujeres, tendrá un costo muy alto. 

Al comienzo de la serie, Sabrina (Kiernan Shipka) es una adolescente de 15 años de edad que vive con sus dos tías, Hilda (Lucy Davis) y Zelda (Miranda Otto), quienes se encargaron de su crianza luego de la muerte de sus padres. Ambas son brujas al igual que el padre de Sabrina, un hechicero reconocido por sus dotes mágicos y por romper con las reglas de la Iglesia de la Noche al casarse y tener una hija con una mortal. En la casa de la familia Spellman también vive el primo Ambrose, un hechicero con arresto domiciliario por intentar explotar el Vaticano.

Sabrina espera con ansias su incipiente cumpleaños, el cual casualmente se celebra en el día de Halloween y será su bautismo mágico. Por tradición de la Iglesia de la Noche, cada bruja es bautizada a los 16 años como símbolo de su entrega al Señor Tenebroso quedando así a merced de su voluntad. Como es característico de Sabrina (al igual que la adolescente de la serie de canales infantiles), su curiosidad la lleva a interiorizarse en lo que implicaría su bautismo.

Las escenas transcurren en el pueblo de Baxter y la ambientación mantiene a les espectadores en un constante clima de Halloween, donde las calabazas cuelgan de las puertas, las luces son tenues y el ruido crujiente de las hojas en el bosque lo vuelven tenebroso.

En los 28 capítulos que conforman estas primeras tres temporadas no solo se apreciará el crecimiento de Sabrina como bruja en sus hechizos cada vez más riesgosos, sino también de su empoderamiento en un mundo donde las mujeres son relegadas al cuidado de la familia, subestimadas en el poder de la Iglesia de la Noche y entregadas como ofrendas.

La Iglesia de la Noche y El Catolicismo

La Iglesia de la Noche es el sinónimo de la Iglesia Católica. Es una doctrina que guía a través de rituales y postulados a una determinada comunidad, en este caso conformada por hechiceras y hechiceros. Se caracterizan por la devoción al Señor Tenebroso y la diferenciación constante con el mundo de los mortales.

El mundo mágico al que pertenece Sabrina es regido por las reglas del Señor Tenebroso, suma autoridad que gobierna los actos de cada miembro de esta comunidad. A diferencia del catolicismo, donde enseñan que Dios no es hombre ni mujer (aunque siempre lo mencionen como «él», para darle una identidad masculina), aquí el máximo representante es un hombre. Su voz en la tierra está bajo la figura del Sumo Sacerdote, quien también es un varón. Ambos intentarán convencer a Sabrina de firmar el Libro de la Noche cuando ella comienza a dudar de hacerlo por no querer alejarse de su novio y sus amigas mortales.

Mujeres al poder

Sabrina quiere el poder y la seguridad que le da su magia pero también la libertad de elegir sobre su propia vida. Esto se convertirá en un problema para ella porque su iniciación en el mundo mágico le exige cumplir con la voluntad del Señor Tenebroso dejando de lado sus deseos y su vida en el mundo mortal. Así, se enfrenta a constantes hostigamientos del clan masculino al que no solo responden los hechiceros sino también las brujas. 

Uno de los hilos conductores de la historia es el cuestionamiento de Sabrina a cada regla impuesta por el Señor Tenebroso y en consecuencia la rebeldía junto a sus tías de esas normas que siempre han cumplido a rajatabla.  

En la tarea de llevar a Sabrina hacia el mundo mágico cumple un rol fundamental la Madre de los demonios o Lilith, enviada por el Señor Tenebroso y encarnada en el cuerpo de una profesora de la escuela a la que asiste Sabrina. También identificada como Madame Satán, busca cumplir con las expectativas de su concubino, Satán o Lucifer, labor que la frustra por no recibir el reconocimiento de su pareja.  

En la tercera temporada (sin spoilear mucho) se ve muy bien reflejada la dificultad de los hombres para dejar sus posiciones de poder y cómo intentan sabotear a las brujas que han ocupado los cargos de mayores rangos: el reinado del Infierno y la dirección de la Iglesia de la Noche. 

Estas tres temporadas atrapan con las consecuencias de la rebeldía de Sabrina en un mundo mágico conservador. Un mundo con roles de género que se acentúan en las mujeres al mando de las tareas de cuidado (encarnado por las tías protectoras y educadoras y por Madame Satán que debe llevar a la joven hechicera por el camino de la magia) y los hombres al mando de las instituciones y el poder que estas les otorgan. La competencia inicial entre las hechiceras se ve aplacada por la sororidad y la unión frente a las injusticias del género: un camino de deconstrucción lento pero fructífero como el que vivimos en el mundo de les mortales.  


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