Construyendo puentes en el puerto

Un comentario

Las brechas de género no son ninguna noticia, ya que es una temática que se denuncia todos los años. Lo que sí es noticia es que el gobierno de la provincia de Buenos Aires puso en marcha una iniciativa titulada Sello Construir Igualdad. La misma busca solventar las desigualdades de género tanto cis como trans en el sector productivo, servicios y empresas públicas a través de la implementación de políticas de inclusión. Es en este marco que el sector portuario se propuso achicar la brecha de género laboral, un ámbito altamente masculinizado y machista.

¿Qué es la brecha de género?

Cuando hablamos de brechas de género conceptualizamos a través de una forma analítica-estadística una realidad social que para las mujeres y disidencias viene de tiempos inmemorables.

En el mercado laboral, estas brechas de género tienen múltiples maneras de reflejarse: podemos hablar de trabajo no remunerado, de tasa de participación en el mercado laboral, de paredes y techos de cristal, de desocupación e informalidad, entre otras.  

Achicar estas brechas comienza desde la comprensión de estas variables y un compromiso  por parte de toda la sociedad por hacer del mercado laboral un espacio más justo e igual entre géneros (todos los géneros). 

Para comprender por qué la tasa de participación en el mercado por parte de la mujer es de 49,2%, –21 puntos porcentuales más baja que la de los varones (71,2%)- primero hay que comprender de qué se trata el trabajo no remunerado.

El trabajo no remunerado son aquellas actividades llamadas «domésticas» como lo son el aseo, el cuidado de personas, la preparación de alimentos, la limpieza de las casas y vestimentas, entre otras. Tareas por las que no se recibe ningún tipo de paga pero que son elementales para que las jornadas laborales que sí son pagas puedan realizarse con efectividad y eficiencia. 

En tanto, el 88,9% de las mujeres realizan el 76% de las tareas domésticas no remuneradas, dedicando a este tipo de labores un promedio de 6,4 horas semanales. Mientras que solo el 57,9% de los varones participa en estos trabajos, a los que les dedican un promedio de 3,4 horas semanales. 

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Esta división de la cultura del trabajo se ha dado históricamente por la percepción social de los géneros y sus roles. Generalmente, la mujer era quien se ocupaba de las tareas del cuidado y limpieza mientras que el hombre era quien «salía» a trabajar al mercado laboral, ocupándose así de las tareas más «sucias» y de mayor esfuerzo físico. 

Son estos estereotipos los que limitan la participación femenina en el mercado laboral, ya que muchas veces tienen una aceptación indiscutida, avalada por la sociedad y ciertas legislaciones, como la ley 11.317, la cual determina en su art. 11 que: «Queda prohibido ocupar a mujeres y a menores de 18 años: a) En carga y descarga de navíos; b) En canteras o trabajos subterráneos; c) En la carga o descarga por medio de grúas o cabrias; d) Como maquinistas y foguistas; e) En el engrasado y limpieza de maquinaria en movimiento, entre otras actividades».

¿Cuáles son los límites de los estereotipos? ¿Por qué existe una ley especialmente para detallar qué trabajos no puede realizar una mujer?

Para reflejar estas limitaciones en la participación de la mujer en el mercado laboral se creó el concepto de «techo de cristal». El mismo se propone cuantificar cuántas mujeres están empleadas y cuántas ocupan un puesto de liderazgo. En Argentina «los varones constituyen el 57% del total de los ocupados. De ellos, el 8,5% de los varones tienen puestos de jefatura o dirección, mientras que este porcentaje en mujeres es del 4,7%».

Las limitaciones de una cultura que considera que la tarea principal de una mujer es maternar, que tanto los Estados como las empresas refuerzan esta idea y que las capacidades de la mujer se recortan en el cuidado y lo doméstico conforman un conjunto que hace de la mujer un sujeto relegado y rodeado de desigualdades, que más tarde se reflejan en los números de la informalidad y desocupación. Siendo así que «las mujeres enfrentan mayores niveles de informalidad (36% versus 34,2%) y mayores niveles de desocupación (10,8% versus 8,9%) que los varones».

Es por esto que son necesarias políticas de inclusión. Cuando la conciencia colectiva se ve limitada, es preocupación del Estado hacerse cargo de que los sujetos relegados de la sociedad puedan insertarse de una mejor manera en un espacio tan importante y esencial como lo es el mercado laboral. Entonces, es importante destacar cómo el sector portuario comenzó con la creación de políticas de inclusión.

Los puentes en el sector prontuario

Durante el pasado mes de enero, en el marco de un proyecto titulado Puertos en clave de géneros, siguiendo la línea de la iniciativa del Sello Construir Igualdad, se relevaron datos sobre los puestos de trabajos ocupados por hombres y mujeres en los puertos de Buenos Aires. 

Como resultados se obtuvo que «en los Consorcios de Gestión Portuaria Bonaerense trabajan un total de 543 trabajadores, de los cuales el 76% son varones (413 en términos nominales) y solo el 24% mujeres (130), distribución que se mantiene también en el acceso a cargos jerárquicos en funciones con altos niveles de responsabilidad»

En el sector de los muelles los empleos son ocupados en un «95% por varones y solo el 5% lo es por mujeres en todos los tipos de trabajo (muelles, operadores de equipo y limpieza, seguridad y mantenimiento), a excepción del caso de las tareas administrativas en que esta brecha se reduce al 66%». Además, es importante destacar que no existen personas de otros géneros empleadas en los puertos, según Amy Paladín, la directora de Estrategias Portuarias, en diálogo con Télam. 

En torno a estos números, desde el consejo portuario se mantuvo una charla con la iniciativa de relevar datos a nivel nacional sobre los puestos de trabajo que se ocupan en los puertos, propuesta de la mano de la directora del Puerto Dock Sud. Que, a su vez, es el primer puerto que tiene una directora mujer y conforma una comisión con perspectiva de género para su espacio laboral.

Es desde una propuesta por parte del Estado que un espacio tan masculinizado como lo son los puertos se propone restaurar y empezar a cerrar una brecha de género tan definida como lo reflejan los números. No hay ninguna condición que limite a la mujer ocupar espacios de trabajo, solamente condiciones culturales y subjetivas que limitan el desenvolvimiento pleno de las mujeres y disidencias.


Fuentes:


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