¿Pornovenganza? Hablemos de violencia de género

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Producción escrita por Claudio Passaro en el marco de la jornada Feminismos y derechos del Taller Pensamiento crítico feminista en ámbitos cotidianos (2021)


Hay un tema que ha ido cobrando cierta importancia a luz de varios hechos y acontecimientos que se han dado como una de las (muchas) consecuencias de la existencia de las redes sociales. Estoy hablando del fenómeno conocido como «revenge porn», «pornovenganza» o sextorsión.

Este término se refiere a la difusión sin previo consentimiento de contenido sexual audiovisual o fotográfico de particulares, que lo habían creado y compartido en total intimidad y confianza y que ven irremediablemente destruida su reputación e imagen social. Sucede, en algunos casos, a partir de la ruptura de una relación.

La gran mayoría de las víctimas de este tipo de violencia de género son mujeres y ha habido una cantidad enorme de este tipo de casos en los últimos años. Voy a contarles dos en concreto, ambos ocurrieron en Italia. Uno en 2014 y otro en 2018. Lamentablemente uno de ellos acabó de forma trágica, mientras que el otro terminó con una victoria judicial por parte de la víctima.

La historia de Tiziana Cantone

La primera historia es la de Tiziana Cantone (31), oriunda de Nápoles. Hubiese sido más respetuoso, para ella y para todas las víctimas de la sextorsión, que en su momento se hubiese mantenido su anonimato pero desdichadamente esto no pasó y considero importante contar su historia recordando su nombre. A finales del 2014, en un grupo de WhatsApp de la facultad, recibí un video pornográfico en el que una mujer estaba siendo grabada por el hombre con el que estaba teniendo relaciones sexuales. En ese entonces yo no lo sabía, pero ese video estaba siendo compartido y difundido por grupos de WhatsApp en todo el país.

A los días la noticia, se había difundido enormemente y la gente no paraba de hablar de ello. Se hacían bromas en las redes sociales, su cara fue impresa en camisetas junto con una frase que ella dijo en ese video y se convirtió hasta en un meme. La gente compartía y seguía compartiendo este contenido. Nadie pensaba que detrás de todo eso estaba una persona, Tiziana, quien seguía allí, recibiendo comentarios, siendo llamada en la calle, mientras lo único que esperaba era ser olvidada.

Señalaron como culpable a Tiziana, por prestarse a ese «juego de adultos»: que fue consensual y debería haber permanecido limitado a las personas con las que ella quiso compartirlo. Entonces, ella pasó de disfrutar de su libertad sexual en un contexto bien definido y con personas que creía de confianza, a recibir cualquier tipo de apodo e insultos por desconocidos. Llegó a tener que cambiar de apellido, a escapar de la ciudad en la que vivía con la madre. A todo esto, sobre el hombre (el macho) que tomó parte en ese «juego de adultos», nadie hablaba. O, si de él se hablaba, era para halagarlo y subrayar su papel de hombre alfa.

Imagen vía Freepik

Tiziana fue a juicio. Pidiendo, justamente, ese olvido que se merecía: exigiendo que todo el material sobre ella fuese eliminado. Se llegaron a ocultar los videos, pero no sirvió de mucho. La reputación de Tiziana había sido dañada irremediablemente. De ahí, ella comenzó a caer en depresión, se mudó de ciudad varias veces, pero nunca logró salir de esa espiral descendente. En septiembre del 2016, lamentablemente, Tiziana acabó con su vida, colgándose con una bufanda en la casa donde vivía con su madre.

Después de su caso, en 2016, en el parlamento italiano fueron presentados dos diseños de ley sobre el cyberbullying y el revenge porn. En 2019, este último llegó a ser considerado un delito perseguible por ley. El suceso fue importante también a nivel investigativo, ya que durante las averiguaciones en las redes sociales se ideó un nuevo método de búsqueda que fue nombrado «Método Cantone», por el apellido de la víctima. Éste se basa en disposiciones ya presentes en el Digital Millennium Copyright Act estadounidense: esta ley federal hace posible que las páginas web y redes sociales involucradas en casos similares se vean obligadas a proporcionar informaciones y datos relativos a las personas que publicaron y difundieron el material incriminado para les investigadores.

El caso de la docente de nivel inicial

En 2018, una mujer de 22 años de la provincia de Turín, maestra de jardín de infantes, cuyo nombre quedó ocultado por razones de privacidad, envió unas fotos y un video de contenido sexual a un chico con el que estaba saliendo en ese momento. La relación, como a menudo sucede, no duró mucho más y los dos se separaron. Pero aquí comienza la pesadilla para ella. Por venganza, o por lo que en italiano se define como goliardia: es decir, ese espíritu juguetón, burlón, algo infantil, típico de los estudiantes de Universidad y que se usa como excusa para justificar conductas masculinas tóxicas y aberrantes («Boys will be boys…»); el chico envió ese material al chat de WhatsApp que tenía con sus amigos del fútbol. En ese grupo estaba el padre de une de les niñes que van a ese jardín de infantes.

El padre reconoce la a maestra y le enseña el contenido a su mujer, quien decide compartir el video con tres madres más. La protagonista del suceso llega a enterarse de que su material privado se ha filtrado y, justamente, tiene intención de denunciar los hechos pero la madre involucrada la chantajea: advierte que si la mujer lo denuncia, ella contaría todo a la directora del colegio para que la despidan. Y así fue. La mujer no cedió, denunció los acontecimientos y la madre habló con la directora que prontamente la despidió de su cargo. Hacia finales de febrero del 2021 el juicio se concluyó, con condenas para el varón que difundió el material, la madre de le niñe y la directora del colegio. La víctima, entrevistada por diarios, dice que solo quiere volver a su antiguo trabajo en un jardín de infantes. Afirma tener la conciencia limpia y que, a pesar de todo lo que aconteció, ninguno de los protagonistas de los hechos llegó siquiera a pedirle disculpas.

¿Qué nos enseñan estas dos historias? ¿Qué deberíamos aprender de ellas y qué postura deben asumir el Estado y la Justicia frente a acontecimientos de este tipo? Lamentablemente, mucho queda todavía por hacer en este ámbito. La ley no siempre dispone de todos los instrumentos necesarios para proteger a las víctimas (mayoritariamente mujeres) de estos hechos. Casos como el de Tiziana nos enseñan, además de las fallas jurídicas, la peligrosidad de las redes sociales que manejamos constantemente. Éstas pueden convertirse en instrumentos crueles, donde se estigmatiza a mujeres que quisieron vivir su sexualidad de la forma que más se les antojó y que le dieron su confianza a las personas equivocadas.


Fuentes:

  • Di Caterino, M. (2016) Tiziana Cantone, suicida per i video hard in rete. Il Messaggero.
  • Wikipedia
  • Lorenzetti, S. (2021) La maestra licenziata per video hard: «Un incubo anche peggiore di quello descritto dai media». Corriere della Sera.
  • Palazzo, C. (2020) Torino, video hard della maestra d’asilo sul web. E dopo la gogna è licenziata. La Repubblica.
  • Panarella, E. (2021) Maestra d’asilo cacciata dopo video hard: condannate preside e mamma che diffuse le foto in chat. Il Messaggero.
  • Revenge porn, centinaia di casi risolti con il «Metodo Cantone» come funziona. Il Mattino. (2020)

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