#Entrevista Científicas de acá: nuestras científicas en primer plano

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Los avances científicos cobran cada vez más protagonismo en las conversaciones cotidianas. Sin embargo, en el imaginario colectivo, la persona detrás de esos descubrimientos sigue siendo un varón blanco cis sosteniendo tubos de ensayo. Científicas de acá viene a romper con este estereotipo para visibilizar las historias de mujeres que hicieron y hacen ciencia en nuestro país.

El grupo está conformado por Carolina Hadad, analista en sistemas, Valeria Edelsztein, química, Julieta Elffman, periodista, y Julieta Alcain, bióloga. La iniciativa que comenzó en las redes a partir de la pregunta «¿Cuántas científicas argentinas conocés?»; hoy forman una comunidad que comparte y difunde sus historias. Desde Escritura Feminista conversamos con Julieta Elffman y Julieta Alcain sobre el origen del proyecto, la representación de la mujer en la ciencia y el libro que lanzarán en pocas semanas.

Escritura Feminista: Las cuatro tienen formación en áreas distintas, ¿cuál es el disparador por el cual decidieron juntarse y crear Científicas de acá?

Julieta Elffman: Nos gusta decir que el punto de partida fue la bronca, la indignación. Primero, tuvimos una intuición bastante lógica: nosotras no conocíamos mujeres referentes en ciencia y tecnología de nuestro país. Incluso las que hicieron carreras científicas del grupo no conocían referentes de su propia área, no habían estudiado a mujeres que hagan ciencia en el país. En todo caso, aparecían en un comentario anecdótico, pero no existía una genealogía de las científicas de acá y es lo que quisimos empezar a construir.

Empezamos con una encuesta inicial que compartimos en redes, en la cual preguntábamos justamente cuántas personas que se dedican a la ciencia conoce la gente. ¿Cuántas de esas son mujeres? ¿Cuántas son argentinas? Ahí llegábamos a un embudo: casi nadie conocía científicas de acá. Nos fuimos dando cuenta que algunas personas conocían pero no las tenían como referentes o no las identificaban como científicas por ser «de disciplinas sociales», como en el caso de Dora Barrancos.

Julieta Alcain: No es una verdad revelada que cuando pensamos en mujeres científicas pensamos en Marie Curie. De ella sabemos hasta con quién se casó cuando murió su marido y de nuestras científicas no sabemos ni los nombres. En torno a eso surgen nuestras propias ganas de conocer a estas mujeres y, al darnos cuenta de que sus historias eran tan fabulosas como la de Marie Curie, quisimos contarlas.

E.F.: ¿Cuál es la importancia de la representación de las mujeres en el sistema científico argentino?

J.A.: Hace poco contamos la historia de la arquitecta Ines Moisset. Inés quería ser investigadora en arquitectura y en ese momento ni siquiera existía la disciplina en el CONICET (de hecho, la metieron en sociología). Abriéndose paso, logró investigar en su propia disciplina. Cuando publicamos su historia una chica la levantó en redes y dijo «¿Ven que sí se podía ser investigadora en arquitectura? Todos me decían que era una locura pero miren, ella lo hace». Es importante verse reflejada en alguien que se parece a vos y que hace lo que vos querés hacer.

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E.F.: Además de visibilizar mujeres científicas, también dan a conocer problemáticas típicas de las mujeres en ciencia, como el famoso «techo de cristal». ¿Cuál es la diferencia con las «paredes de cristal»?

J.E.: Las paredes de cristal tienen que ver con la idea de que las mujeres tenemos habilidades «innatas», como la empatía y la comprensión, que nos facilitan algunos trabajos. Entonces, somos mayoría en carreras como psicología, pero en tecnología o en informática representamos menos del 15%. ¿Con qué mensajes que recibimos desde muy chicas tiene que ver esto? ¿Con qué estereotipos de género?

Un estudio de la revista Science muestra que las mujeres, desde muy chicas, empezamos a autopercibirnos menos inteligentes que los varones. Esto sucede justo en el inicio de la escolarización, a los 6 años. Es decir, nos pasamos toda nuestra vida consciente pensando que somos menos capaces para tareas que, se supone, que requieren más inteligencia.

No es casual que estas elecciones disciplinarias particulares coincidan con las disciplinas donde los salarios son cada vez más altos, como tecnología e informática. Justamente esas son las carreras más masculinizadas. Queremos abrir la conversación: ¿cuánto influyen los estereotipos de género en nuestras decisiones?

E.F.: ¿Cómo es ser científica en argentina para una mujer que recién empieza ese camino? Y si desea ser madre, ¿cómo influye la maternidad?

J.A.: En esto hay una cuestión doblemente injusta: las personas que somos o fuimos becarios sabemos que es un trabajo muy precarizado para todos los géneros por igual. Los becarios no tenemos aportes, no tenemos antigüedad, ni jubilación. Hay un montón de cosas básicas que, para un trabajo de 8 horas diarias, no tenemos. Las mujeres que son madres y becarias suman otros problemas, porque la licencia por maternidad y la consecuente extensión de la beca es algo que se conquistó hace relativamente poco.

Si una es madre y toma licencia, no solamente frena por un tiempo su trabajo: en este tiempo no puede obtener resultados, por lo que no puede avanzar con la investigación, se atrasa la beca y luego todo lo demás, el doctorado, el posdoctorado… De hecho, esa es una razón por la cual las mujeres no estamos en las jerarquías más altas: las mujeres se van cayendo del sistema, en parte porque deben hacerse responsables de los hijos y no tienen el apoyo institucional necesario para que eso suceda.

Es una doble precarización: por un lado, sos un becario sin derechos laborales, tengas el género que tengas y, por otro lado, las personas que son madres están doblemente desprotegidas.

J.E.: Los conflictos que vienen con las tareas de cuidado (que recaen sobre las mujeres de manera injusta), también tienen que ver con que hay pocas mujeres que puedan llevarlos a las mesas de toma de decisiones. Por eso necesitamos que estén presentes en esos lugares: para garantizar una equidad de género real, no solo en los papeles. Que no sea «Listo, alcanzamos un cupo, el porcentaje nos da, a otro tema».

E.F.: ¿Qué contenidos vamos a encontrar en el libro que están editando?

J.E.: El libro da un breve panorama de la situación de las científicas argentinas en el país y hace un recorrido sobre las políticas públicas relacionadas con ciencia. En esa historia es donde se insertan los relatos de las mujeres que nombramos en el libro: no hay historias aisladas, estamos inmersas en un contexto histórico, todas somos testigas y protagonistas de nuestra época. Van a encontrar 27 historias de personas que se dedican a la ciencia y tecnología, desde pioneras hasta científicas muy actuales que están escribiendo su historia en este momento: personas más consagradas como Andrea Gamarnik y Gabriela González, y personas más jóvenes que hoy están comenzando.

Lo que van a encontrar en el libro es, sobre todo, diversidad. Así como siempre buscamos ir en contra del estereotipo del científico, un varón cis blanco, con bata, pelos parados y cara de loco, también queremos mostrar que no hay una sola mujer que se dedica a la ciencia: mujeres y diversidades de género hacemos ciencia en distintas formas, en distintas disciplinas, en distintos lugares del país. Queremos abrir mundos posibles, dar referentes.

E.F.: Pudimos leer algunas de estas historias en las redes sociales, en los #MartesDeCientíficas. ¿Cómo nació esa iniciativa?

J.A.: Los #MartesDeCientíficas surgieron de una doble idea: por un lado, las mujeres científicas no estamos normalmente en los medios y, por otro, es imposible que solo nosotras cuatro conozcamos a todas las mujeres de ciencia. Lanzamos en nuestra página un listado colaborativo donde cada persona puede enlistar a la científica que considere referente. Luego le propusimos a la comunidad que elija alguna de ellas, que la investiguen y cuenten su historia. Mucha gente se entusiasmó con esa premisa y, con el tiempo, agrupaciones de científicos e institutos del CONICET empezaron a usar estos martes para visibilizar a sus científicas. Así, conocimos personas con historias increíbles y pasadas por alto. Nos parece una maravilla cómo la comunidad se adueñó de nuestra propuesta.

E.F.: ¿Qué significa para ustedes ser comunicadoras de ciencia con perspectiva de género?

J.E.: Trabajar en comunicación de la ciencia con perspectiva de género no solo es necesario, sino que no imagino otra manera de hacerlo. Es la forma en la que vemos el mundo, la manera en la que detectamos las cosas que hacen falta. La posibilidad de que las nuevas generaciones conozcan una historia y una ciencia más diversa y salir de los estereotipos que nos perjudican. Para que no haya techo o paredes de cristal, primero, hay que hacer notar que están (estamos) ahí. 

J.A.: Sara Rieti, una científica de acá, decía que lo que no tenemos que hacer es entrar en la ciencia y adaptarnos al modelo de éxito vigente -masculino, individualista, jerárquico-. Comunicar ciencia con perspectiva de género también es contar las historias, todas las historias, de quienes tuvieron éxito y quienes no. Contar que hay mujeres brillantes y mujeres mediocres. Tenemos que dejar de pedir perdón por estar en un lugar sin ser descollantes. No tengo que estar ahí porque soy mujer. Necesito estar ahí porque necesito estar en todos los demás lugares, porque soy mujer y necesitamos que haya mujeres en todos lados. Es un derecho que tenemos.


Fuentes:


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