Revolución a besos

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Tras cuatro años de violencia institucional sistemática, Mariana tuvo lo que tanto merecía: justicia. El miércoles 7 de abril, la Sala II de la Cámara Nacional de Casación Penal absolvió a Mariana Gómez de los cargos de lesiones leves y desacato a la autoridad y revocó un fallo de primera instancia, sentando un precedente contra la discriminación.

Casación reconoció que Mariana «tenía derecho a defenderse ya que no está obligada a soportar ese acto». Al mismo tiempo, Emiliano Montini, representante de la Dirección de Asuntos Jurídicos del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) que acompañó la apelación como amicus curiae expresó: «El fallo es muy importante para toda la comunidad LGBTQ+ porque Casación reconoce que hubo un acto de discriminación, tanto del oficial de justicia como del empleado de Metrovías, y la jueza de primera instancia que la condenó hizo valoración de la prueba que continuó con esa discriminación».

Tener antecedentes penales hizo que Mariana perdiera distintas oportunidades laborales y, en consecuencia, tuvo que continuar con su trabajo no formal. Pero este no fue el único factor negativo de lo que tuvo que vivir desde aquel 2 de octubre, por eso Mariana va a ir por la condena por violencia institucional contra les policías que la atacaron y analiza seguir con las acciones legales contra les funcionaries del poder judicial que llevaron a cabo un proceso sin sentido. Para que el lesboodio no quede impune y con el objetivo de hacer su aporte para que el resto del colectivo no tenga que pasar por este tipo de consecuencias.

Cuando la heteronorma manda, la revolución es orden

El poder y dominio que ejercen los varones ante las personas que no cumplen con la heteronorma se puede encontrar en distintos casos de la actualidad como en este. En 2017, Mariana y su esposa Rocío Girat charlaban y se besaban en la estación de trenes de Constitución, cuando un empleado de Metrovías y luego un policía se acercaron a decirle a Mariana que no podía fumar, a lo que ella respondió que no había carteles que lo prohibieran y que otras personas estaban haciendo lo mismo.

Por normativa, esto podría haberse solucionado si Mariana apagaba el cigarrillo o se iba del lugar pero en su declaración aseguró que al intentar irse uno de los policías le puso la mano en el pecho, la trató de «pibe» y le dijo que iba a ser «detenido». Ese día la detuvieron y la trasladaron a la estación policial de la estación subterránea de Boedo de la Línea E, donde estuvo seis horas detenida. Ahí la obligaron a desnudarse y le revisaron sus partes íntimas, lo cual no está permitido.

Finalmente, en 2019 la condenaron a un año de prisión en suspenso por resistencia a la autoridad y lesiones leves contra dos efectivos de la Policía de la Ciudad, Jonatan Rojo y Karen Villarreal.

«Para Marian, la condena significó la imposibilidad de acceder a un trabajo inscripto. Nadie quiere contratar a alguien con un antecedente penal por desacato a la autoridad».

Rocío para Agencia Presentes.

El 17 de febrero de este año comenzó la audiencia por la absolución de Mariana, donde se expusieron los argumentos de su apelación ante la Cámara Nacional de Casación Criminal y Correccional de la Capital Federal. Se denunció al fallo como discriminatorio y lesbofóbico porque se entiende que el arresto y la condena fueron parte de una lógica de criminalización y adoctrinamiento hacia las identidades disidentes que rompen la heteronorma.

Heterocastigo

La heteronorma se refiere a un orden construido en base a un sistema de sexo y género binario y jerárquico, donde lo humano se reduce a mujeres hetero-cis, consideradas «inferiores», y a varones hetero-cis, entendidos como «superiores». A su vez, este orden es reforzado por la imposición de la heterosexualidad obligatoria, institución política denominada de esta manera por Adrienne Rich, feminista y activista lesbiana estadounidense.

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En otras palabras, este sistema limita la definición de lo humano a solo dos categorías genéricas y además disciplina el deseo sexual para que la orientación sexual sea solo por el sexo opuesto.

En definitiva, la heteronormatividad discrimina e invisibiliza a todas las personas que no se identifican con estas dos identidades de género ni con la única opción que brinda de orientación sexual. Por lo tanto, quedan expulsadas las personas travestis, trans, intersexuales, lesbianas, bisexuales, asexuales y gays.

Un caso y otro y otro y otro

Pero el caso de Mariana no es el único. Sin buscar demasiado aparecen muchos otros, como el de Tomás y Joaquín en 2018, insultados y echados de una pizzería, o el de Brian y Ariel en 2019, que mientras estaban en su cita un hombre se les acercó y los empezó a golpear con un látigo «por estarse besando».

La heteronorma excluye y repudia todo lo que supone diferente a ella. En palabras de Judith Butler, filósofa feminista, se podría decir que esta normativa muestra miedo al deseo homosexual por temor a la pérdida tanto de la feminidad como de la masculinidad y, en consecuencia, su comportamiento es violento.

Otras consecuencias concretas de la heteronorma son legitimar la desigualdad de género con las posibilidades laborales y la brecha salarial, impedir que sea bien vista la maternidad y la paternidad entre identidades que no sean un varón y una mujer hetero-cis, dividir binariamente juguetes «para nenes» y colores «para nenas», entre otras.

Para deconstruir esta norma, que cada día queda más obsoleta y es más inútil, debemos trabajar desde nuestros círculos: erradicar ciertos insultos, tener en cuenta a todas las identidades, desterrar los estigmas que durante años recayeron sobre el colectivo de la diversidad y tratar a todes por igual, porque todes somos personas y eso es lo que debemos respetar.


Fuentes:


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