Eutanasia: ¿tenemos derecho a morir?

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Morir con tranquilidad debe ser uno de los deseos más anhelados y que esto no ocurra, uno de los miedos más extendidos. Hay enfermedades terminales que condenan a las personas a permanecer en una condición de sufrimiento interminable. La eutanasia es una de la soluciones más viables para que estas condiciones tengan un acompañamiento profesional que pueda ayudar a quienes las padecen. En Argentina esta práctica todavía no es legal pero estamos cada vez más cerca de que así seas gracias al proyecto de la ley Alfonso. 

¿Qué es la eutanasia?

Cuando hablamos de eutanasia, muchos conceptos se confunden y hacen que el debate moral que implica esta temática se vea entorpecido. 

Según la Bioetica, la eutanasia es «un proceso que hace menos doloroso el proceso de muerte inminente. Es la elección entre morir en un plazo y en condiciones determinadas y la alternativa de que el proceso de muerte se prolongue en forma impredecible y se acompañe de padecimientos intolerables». En concreto, es una alternativa para adelantar el final inminente de una enfermedad terminal. Hacer esta distinción es importante ya que existen otras practicas similares a la eutanasia pero fundadas desde bases distintas: el suicidio asistido y la limitación del esfuerzo terapéutico. 

Por su lado, el suicidio asistido es la facilitación de medios necesarios para el suicidio a quien, de manera consciente y voluntaria, decida terminar con su vida. La diferencia entre esta alternativa y la eutanasia es que no es una enfermedad terminal la que condiciona la decisión personal de la finalización de la vida.

Por otro lado, la limitación del esfuerzo terapéutico es una variante de la eutanasia que se conoce como «eutanasia directa pasiva» y refiere a «la limitación del inicio de determinadas medidas de soporte vital y a la toma de decisiones de no emplear determinados procedimientos o terapias específicas en un paciente que irremediablemente va a fallecer».

Cada una de estas alternativas necesitaría una legislación distinta en caso de ser legales, si así se decidiera. Por ejemplo, en Argentina la limitación del esfuerzo terapéutico está regulado por la ley 26.529 y su modificación 29.742, la cual dictamina que: 

«El paciente que presente una enfermedad irreversible, incurable o se encuentre en estadio terminal (…) informado en forma fehaciente, tiene el derecho a manifestar su voluntad en cuanto al rechazo de procedimientos quirúrgicos, de reanimación artificial o al retiro de medidas de soporte vital (…) cuando los mismos produzcan como único efecto la prolongación en el tiempo de ese estadio terminal irreversible o incurable». 

Entre otros requisitos y normativas, esta ley enmarca la decisión de une paciente a no acceder a tratamientos paliativos de su enfermedad. Esta ley conforma el derecho a la autonomía de cada persona y contempla esta decisión para permitir morir. Esto no significa que les médiques sean «descorazonades», más bien abre la posibilidad de no atar a la persona a una vida que no desea vivir. Sin embargo, la decisión de no acceder a estos tratamientos no alcanza. Hay enfermedades que conllevan un sufrimiento similar pero en las cuales les pacientes no están conectades a un respirador y, en esos caso, no se podría acceder a esta limitación del esfuerzo terapéutico.

Es por esta razón que la eutanasia tiene un proyecto de ley listo para ser discutido en el Congreso de la Nación.

Ley Alfonso

Estará titulada como «Derecho a la prestación de ayuda para morir dignamente» y se dio a conocer como Ley Alfonso. Esta busca contemplar y enmarcar jurídicamente la decisión de acceder a la eutanasia. 

Inspirades en Alfonso Oliva, un paciente de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), redactaron esta ley Gabriela Estévez (diputada de Córdoba) junto a sus asesores, entre elles, el Dr. Carlos Soriano. Oliva tenía 36 años y por su enfermedad solamente podía mover sus pestañas para comunicarse. Luchó hasta el día de su fallecimiento por la legalización de esta práctica y le hizo explícito su pedido a Soriano, quien lo atendía, de que esta se legislase.

Para el medio Ahora Córdoba Noticias, el Dr. Soriano escribió sobre la ley y el proceso que atravesaron en su redacción. Considera que «las leyes deben estar hechas para incluir derechos. Creo que el derecho de decidir sobre tu propio cuerpo (siempre que no signifique un daño a un tercero) es personalísimo y tiene que ver con la dignidad de cada ser humano». Este proyecto busca atender las necesidades que la limitación del esfuerzo terapéutico no llega a satisfacer.

Además, comenta que la ley tendrá ciertos requisitos como tener la mayoría de edad, capacidad plena para decidir y una enfermedad incurable en la que ningún tipo de tratamiento alivie el padecimiento. Si los primeros dos no se cumpliesen, se consideraría que le paciente con anterioridad haya podido determinar ante un escribano su voluntad. El cumplimiento de estos requisitos sería verificado por un equipo de profesionales de la salud en el lapso deseable de 15-20 días.

Decidir sobre el cuerpo propio es un debate que nos tiene atentes en su contemporaneidad. Tenemos derecho a que se nos permita fallecer, en el marco de que tenemos derecho a nuestra autonomía. Las voluntades personales están muy por arriba de las creencias religiosas, morales y de los debates filosóficos. Cuando estas se pueden hacer explícitas, no queda ninguna otra vía que respetarlas, ya que eso es un derecho primario. 


Fuentes:


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