¿Todavía insisten con que Evita no era feminista?

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«De nada valdría un movimiento femenino en un mundo sin justicia social».

Amada por millones, al punto de convertirse en símbolo de lucha, de resistencia y de conquista de derechos, odiada a niveles inhumanos que llevaron a que se festeje el cáncer que se cobró su vida. Despertó sentimientos de amor y compromiso que trascendieron fronteras y generaciones hasta transformarla en tinta en las pieles de quienes la llevan tatuada como bandera hacia la victoria.

Hace 102 años nacía la abanderada de los humildes. Aunque intentaron por todos los medios, fue imposible apagar el fuego de multitudes que encendía en el pueblo, incluso su cadáver representaba una amenaza tal para los sectores militares aliados a los odiadores civiles que lo vejaron, violaron y secuestraron por más de 15 años. Evita, la mujer en la política con su liderazgo y sus convicciones, dejó en una herencia indiscutible en la lucha por la justicia social, incluso hay quienes aseguran ser peronistas pero de Eva Perón.

La llegada de Evita a la vida de Perón y con ella la visibilidad de la mujer en el mundo de la política, abrían paso a una serie de conquistas y derechos para el pueblo trabajador y, en particular, para las mujeres trabajadoras. Ellas -junto a los descamisados- eran las principales interlocutoras en los discursos de Eva.

«Es por eso que yo lucho, es por eso que me he puesto al lado de las mujeres, por eso solicito con tantas ansias el voto femenino. Dicen que es una de las causas por las que no quieren dar el voto -que estoy segura que lo van a dar- es porque las mujeres perderían la feminidad. ¿Y acaso no perdemos la feminidad las mujeres que tenemos que salir a las 4 de la mañana ganarnos la vida a la calle? (…)

Pero nosotras, las mujeres del pueblo que hemos salido a la calle a ganarnos la vida, también tenemos derecho a que se nos respete más y por eso tenemos derecho a que se nos oiga y para eso necesitamos el voto femenino».

– Discurso de Eva Perón, diciembre de 1946 en Eva y las mujeres.

Quizás por su procedencia humilde no se identificaría con el feminismo de esa época, más ligado a las clases altas e intelectuales. Es una de las críticas más borradas de historia que existen el decir que Evita no era feminista aunque, tal vez, ella misma estuviera de acuerdo si viviera en el 2021: Evita sería una feminista interseccional.

Eva Perón no solo trabajó, militó y luchó por la conquista de derechos de las mujeres sino por la de los más vulnerados y las más vulneradas. Evita podía comprender, atravesada por sus propias vivencias y la cultura de su época, las desigualdades que se vivían no solo por ser mujer, sino también por ser una persona pobre, trabajadora y explotada. Más allá de comprenderlo, pudo actuar sobre la historia y cambiar la vida de millones. Si luchar para que el mundo sea socialmente más justo e igualitario, si pelear por los derechos políticos de las mujeres y por las conquistas de la clase trabajadora no es ser feminista, entonces, ¿qué es?

La oposición al peronismo, el rechazo a lo popular, la acusación de «feministas ocasionales» a las mujeres movilizadas por Evita, llevaron a que las propias feministas de la época se opusieran a la ley del voto femenino. Hay momentos en la historia en los que la pureza intelectual progresista se termina oponiendo a la ampliación de derechos. Como narra Julia Rosemberg en Eva y las mujeres (2019), en 1945 la única agrupación feminista que apoyó la iniciativa de los derechos políticos de la mujer fue la Asociación Argentina de Sufragio Femenino, mientras el resto pedían el retorno a la normalidad constitucional y la transferencia inmediata del gobierno a la Corte Suprema.

Pero, ¿de dónde viene la idea de que Eva Duarte no era feminista?

En La razón de mi vida (1951) Evita asegura que no elige el feminismo porque «ni era soltera entrada en años, ni era tan fea por otra parte como para ocupar un puesto así». Sin embargo y, de acuerdo con Adriana María Valobra en Si Evita «viviría» no sería feminista, desarrolla que se ha utilizado el libro de modo acrítico ya que, como advirtió José Amícola, ese libro es «producto de la intervención de varios varones en las redacciones subsecuentes que tuvo el escrito hasta su publicación. Por lo tanto, más que Evita escribiendo, es su voz intervenida la que encontramos allí. Los discursos de Evita, en cambio, expresan mucho mejor su estilo e impronta».

«Ha llegado la hora de la mujer que comparte una causa pública y ha muerto la hora de la mujer como valor inerte y numérico dentro de la sociedad. Ha llegado la hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país, que es, en definitiva, el destino de su hogar».

– Eva Perón, 12 de marzo de 1947.

Fuentes:

  • Julia Rosemberg (2019): «Eva y las mujeres».
  • Tomás Eloy Martínez (1995): «Santa Evita».
  • Eva Duarte de Perón (1951): «La razón de mi vida».

Imagen de portada: Mica Minelli


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