Día Mundial del Ambiente: poco o nada para festejar

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Artículo colaboración escrito por Nicolás Debowicz


Como cada año, el 5 de junio se celebra el Día Mundial del Ambiente, fecha que se conmemora desde 1974 donde la Organización de las Naciones Unidas ha dado comienzo a la Conferencia de Estocolmo, cumbre conocida por marcar el inicio a la primera conferencia a nivel mundial donde se abordan temáticas sociales, económicas, culturales y ambientales.

En una primera declaración aparecen principios y afirmaciones como: la consideración del ser humano dentro del medio que lo rodea, se llama a defender el bienestar de los pueblos, el desarrollo económico, la protección y resguardo de las poblaciones de países humildes, entre otros. A lo largo de estos 47 años han acontecido diversas cumbres y tratados. Pese a eso, han sido pocas las conferencias e informes especialmente trascendentes a nivel ambiental. 

¿Desarrollo o sustentabilidad? 

Teniendo en cuenta la contradicción de conceptos entre desarrollo y sostenibilidad, el Informe Brundtland no ha sido la excepción a esta discusión. En tres capítulos logran plantear y discutir la noción de Desarrollo Sustentable, plasmando una crítica al crecimiento económico exponencial. Este antecedente ha generado un fortalecimiento para que, durante el año 1992, se haya iniciado la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro. Este evento fue organizado por la ONU donde 179 países y sus representantes estuvieron presentes.

Es considerada como la segunda gran cumbre, luego de Estocolmo en  el año 1972. En esta cumbre se termina de reforzar el concepto de Desarrollo Sustentable. Así, de manera detallada y a raíz  de la creación en 1983 de la Comisión Mundial sobre Ambiente y Desarrollo, aparece  el Programa 21. En este informe afirman que «los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza. Para alcanzar el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente debe ser parte del proceso de desarrollo y no puede ser considerado por separado».

Asimismo se dará origen a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Como objetivo central, intentan estabilizar la emisión de gases de efecto invernadero. Actualmente hay adheridas a esta convención 194 países. Se adoptó en el año 1992 y entró en vigor el 21 de marzo de 1994. 

Mucho protocolo, pocas medidas

Adentrándonos hacia el final de la década del 90, nos encontramos con un panorama nada alentador. La contaminación que generó la emisión de gases de efecto invernadero ha aumentado y las medidas anteriormente impulsadas tienen poco efecto. Nace un nuevo acuerdo, cuyo primer fin tiene por objetivo la reducción en las emisiones de seis gases de efecto invernadero. Se trata del Protocolo de Kioto, adoptado en 1997 y vigente desde el 2005.

Estados (des)unidos

Estados Unidos, país más contaminante en ese momento, decide firmar dicho acuerdo, aunque solo de manera simbólica, ya que no se ratificó. En 2001 el gobierno de Bush decide retirarse del protocolo. En similar concordancia Canadá, país conocido por el desarrollo de empresas megamineras y pasteras, decide abandonar dicho acuerdo. De esta manera, no pagaría las multas relacionadas por el incumplimiento en la reducción de emisiones.

Entretanto, se dará origen a múltiples conceptos y mecanismos relacionados con la «economía verde» y el ambientalismo empresarial, como el Mecanismo de Desarrollo Limpio, la Huella de Carbono y la Economía Baja en Carbono. Sistemas complacientes con las grandes naciones para justificar las emisiones en otros países, dar impulso a los monocultivos forestales y fomentar el ambientalismo de mercado.

Entre reuniones, más acuerdos (o menos), tratados y planes de acción, sobrevivió el Protocolo de Kioto hasta el 31 de diciembre de 2012. Fue altamente contradictorio perseverar en un plan que no contase con la participación activa de países como Estados Unidos y Canadá, principales emisores de gases de efecto invernadero.

Cambiar algo para que nada cambie

Llegamos al año 2015. Atrás queda el Protocolo de Kioto. Se percibe una confianza extrema ante este nuevo proyecto y un llamativo entusiasmo. Se transmite en todo el mundo este mencionado evento, dando comienzo al tan esperado Acuerdo de Paris.

Nuevamente se buscan medidas para evitar la emisión de gases de efecto invernadero aunque, esta vez, con metas mas concretas y ambiciosas. Priorizan mantener un aumento de la temperatura global promedio por debajo de los 2 °C por encima de los niveles pre-industriales y perseguir esfuerzos para limitar dicho aumento a 1.5 °C, reconociendo que esto reduciría significativamente los riesgos y efectos del cambio climático.

Finalmente se adopta en diciembre del 2015, se firma en abril del 2016 y entra en vigor durante noviembre de ese mismo año. A diferencia de otros acuerdos, los líderes mundiales afirman la prioridad hacia los derechos humanos y la perspectiva de género, aunque sin tener un programa en concreto para estas temáticas.

Los años posteriores a la entrada en vigor de dicho acuerdo evidenciaron un aumento global de la temperatura y de la emisión de gases de efecto invernadero, principalmente CO2 y Metano. En tanto, Estados Unidos con Trump como presidente, decide adoptar nuevamente una decisión altamente cuestionable, negando el cambio climático, dando impulso a las energías contaminantes y retirándose del Acuerdo de Paris.

Dentro del proyecto de Neutralidad Climática, la Unión Europea acordó reducir sus emisiones de CO2 en un 40% para 2030, en comparación con el nivel de 1990. Este plan propone, como forma de eliminar o reducir los gases de efecto invernadero, la plantación masiva de árboles.

Encuentro para el alejamiento

Si en algo coincidieron diversas cumbres y tratados es en la indiferencia hacia las poblaciones históricamente marginadas, se trate de campesines, indígenas, afroamericanes, poblaciones del sudeste asiático, habitantes de países altamente contaminados, entre otros.

Vale destacar que en cada cumbre acontecida se celebraron también contracumbres: espacios donde, a través de charlas, cine debates, expresiones culturales y científicas, denuncian la complicidad de diversos gobiernos, la presencia de corporaciones contaminantes que financian dichas cumbres, el gasto económico de cada evento o la contaminación por el uso desmedido de transportes para acceder a cada acontecimiento.

Salimos…

Una mirada socioambiental y ecosocialista propone cuestionar y salir de este paradigma falso. No alcanza con la reducción de gases de efecto invernadero mientas haya coexistencia dentro del capitalismo entre la agroecología y el agronegocio u otros sistemas contaminantes como ser la megaminería, el fracking, las megagranjas porcinas o la especulación inmobiliaria.

La fase actual del capitalismo, con el desarrollo masivo del extractivismo, evidencian una mayor contaminación por gases de efecto invernadero, procesos de descampenización y despojo rural, patologías severas asociadas al cambio climático global antrópico, pérdida de nutrientes del suelo, extinción florística y faunística, acidificación de los océanos, violencia y marginación.

Tampoco es posible considerar avances sin el aporte de corrientes como el  ecofeminismo, el indigenismo, el marxismo ecológico o el ambientalismo popular. Un enfoque transdisciplinario e interdisciplinario donde se sumen diversas voces y experiencias deberá ser prioritario en la coyuntura actual.


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