Una lectura feminista de la Independencia argentina

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Artículo escrito en colaboración por Karen Cuesta y Juana Lo Duca

Cada 9 de julio, desde 1816, se conmemora la Declaración de la Independencia en Argentina. Vestimos escarapelas, comemos locro y empanadas, escuchamos actos en los que se menciona a los padres de la patria… Y las mujeres, ¿dónde estaban? ¿Cocinando pastelitos? Acá te contamos los roles de algunas de ellas.

Aristocráticas, campesinas, indígenas, artistas y periodistas contribuyeron para formar un país más libre, pero de forma deliberada no aparecen en la mayoría de los libros de historia. Estas mujeres fueron un pilar en la configuración de la República Argentina naciente, no solo acompañando a sus maridos, sino como guerreras, espías, enfermeras, es decir, como protagonistas de una historia no contada.

Antes de llegar al famoso desenlace en la Casa de Tucumán -la residencia de Francisca Bazán de Laguna, declarada monumento histórico en 1941- los padres y madres de la independencia tuvieron que debatir ideas: ¿cómo se sostendría económicamente la nueva nación? ¿Sobre qué principios y valores se formaría? ¿Qué forma de gobierno tomaría?

Sánchez de Thompson: desobedecer al patriarcado del siglo XIX

Muchas de estas charlas tenían lugar en las tertulias de la casa de Mariquita Sánchez de Thompson. Si bien la historia la recuerda por su concurrida y adinerada residencia –que también proporcionó un lugar de ocio, danza e inicio de parejas, como la José de San Martín y Remedios de Escalada–, lo cierto es que en su juventud se rebeló contra los límites que le imponía el patriarcado de su época. Además, luchó por la educación femenina.

No cuestionó su rol de madre y adhirió al ideal de mujer rusoniano: destinadas a procrear, estar subordinadas a un hombre y cuidar a la familia. Sin embargo, sí se rebeló contra la Real Pragmática: una norma del Virreinato del Río de La Plata que establecía que los matrimonios de las mujeres menores de 25 años debían ser acordados por sus padres.

Bajo este lineamiento, su progenitor prometió su mano a Diego del Arco, un capitán español de más años que ella, quien garantizaría el cuidado de la fortuna familiar. Mariquita Sánchez, enamorada y comprometida en secreto con su primo Martin Thompson, le escribió al virrey Sobremonte tras la defunción de su padre. Explicó sus razones para anular el compromiso arreglado, la autoridad se lo concedió y contrajo matrimonio con Thompson. Así, sentó un precedente histórico que demostraría a las mujeres de su época que podían elegir con quién casarse.

Además, no tuvo pelos en la lengua a la hora de discutir sobre educación con Domingo Sarmiento. Mientras que el prócer que aparece en el billete de $50 pesos argentinos creía innecesaria la formación de las jóvenes en piano, dibujo e idiomas, Sánchez de Thompson argumentaba que eran asignaturas necesarias para ser mejores compañeras de sus esposos: «Usted es un injusto, no se contenta con la política y los muchachos y quiere pelearse con las mujeres. ¡Y no sabe usted lo malos enemigos son! No nos haga la guerra que podemos hacer mucho bien estando de acuerdo».

«No nos haga la guerra que podemos hacer mucho bien estando de acuerdo».

– Mariquita Sánchez de Thompson a Sarmiento.

Las Damas de la Independencia

Mientras el general Martín Miguel de Güemes libraba batalla contra las tropas realistas, casi sin presupuesto, María Loreto Sánchez de Peón Frías estaba a cargo de Inteligencia de la Vanguardia del Ejército del Norte. Ella fue autora del Plan Continental de Bomberas, aprobado y autorizado por el militar a cargo.

También lideró una red de espionaje femenina conocida como Las Damas de Salta. Entre sus integrantes se encontraban Petrona Arias, Juana Torino, Martina Silva de Gurruchaga, Andrea Zenarrusa y Juana Moro de López. La última, conocedora de rutas por las cuales espiar sin ser vista, llegó a ser apresada por los realistas. La condenaron a morir tapiada en su casa, sin embargo logró escapar y le quedó el apodo «la emparedada».

Según explica el sitio oficial del Ministerio de Cultura, las mujeres de este grupo «se disfrazaban, ocultaban papeles entre sus faldas, montaban a caballo y recorrían largas distancias para obtener información y transmitirla al ejército patriota».

María Remedios del Valle, la madre de la patria

María Remedios del Valle - Wikipedia, la enciclopedia libre

Luchó en el ejército argentino, siendo reconocida con el grado de Capitana por Manuel Belgrano y con el título de «madre de la Patria» por la soldadesca; pero fue condenada al olvido y a la mendicidad en las calles de Buenos Aires hasta su muerte en la más completa miseria.

En 1810, formó parte de la primera expedición por la independencia que partió desde Buenos Aires hacia el Alto Perú. Del Valle luchó en las batallas más resonantes por la independencia, combatió en Huaqui, estuvo junto a Belgrano en los triunfos de Tucumán y Salta y en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.

En los combates recibió seis heridas de bala. Allí también atendió y alimentó a los heridos y sufrió la pérdida de su esposo y sus hijos. María cayó prisionera durante la batalla de Ayohuma y fue azotada públicamente hasta que logró escapar. Cuando «la parda», como la llamaban, volvió a Buenos Aires, el Estado había dejado de pagarle el sueldo de capitana y deambulaba por las calles vendiendo pasteles y pidiendo limosna.

Macacha Güemes, una rebelde con causa

Otra salteña que participó en las redes de espionaje fue María Magdalena Dámasa Güemes de Tejada, apodada «la madre del pobrerío» por su buena relación con las clases bajas. La hermana del general fue una figura pública importante de la época: en varias oportunidades, luego de que Güemes fuera designado gobernador de Salta, debió tomar las riendas del gobierno para desmentir conspiraciones.

El historiador Felipe Pigna explica que, según relataba Bernardo Frías, Macacha «era el verdadero ministro de su hermano, para quien no tendría Güemes secretos de gobierno; no realizando, por consiguiente, acto alguno difícil sin su mediación y parecer; que así lo acompañaba en sus consejos, nacidos de la perspicacia y delicadeza de sentimientos de su sexo, tan desarrollados en ella, como intervenía personalmente en actos más públicos, aun los mismos de guerra, montando a caballo, recorriendo las filas y arengando las tropas».

Juana Azurduy, la guerrera

Nacida en 1780, en una hacienda cerca de Chuquisaca (actual Bolivia), se casó con el hacendado Ascencio Padilla. Ambos querían luchar por la libertad así que cuando en 1810 se inició la Guerra por la Independencia de las Provincias Unidas del Río de La Plata, la pareja de caudillos se sumó a la causa independentista, formando parte del primer triunfo de las fuerzas revolucionarias.

Quién fue Juana Azurduy y por qué es una heroína popular? | Ministerio de  Cultura

También luchó en la derrota de Huaqui (1811) donde cayó prisionera de guerra junto a sus hijos. Tras ser rescatados por su esposo combatió bajo las órdenes de Belgrano. Dentro de sus heroicas tareas, Juana organizó el «Batallón de Leales» con el que participó en la derrota de Ayohuma.

Belgrano, en reconocimiento a su lucha incansable, le entregó su sable, luego del triunfo en el combate del Villar en 1816. Del mismo modo, el gobierno de Buenos Aires la ascendió a Teniente Coronela, convirtiéndose en la única mujer en recibir este honor por parte del Ejército Argentino.

¿Te contaron estas historias en la escuela? ¿Y en la universidad? Visibilizar las tareas de las mujeres que fueron parte de nuestros procesos históricos es fundamental para construir una memoria colectiva plural, diversa y feminista.


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